Lydia Cacho:

“¿Que el libro del Gabo promueve la pedofilia? Falso. Que se regodea en ella: cierto. ¿Que eso es un delito? Jamás”

Sobre García Márquez dice: “Se supone que sólo las y los progres podemos opinar, pero no para cuestionar a uno ‘de los nuestros’, a los patriarcas no. Y yo digo ¿por qué no?

  • 2009-10-18 | Milenio semanal
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Foto: Miriam Sánchez/Archivo

El viernes 16 de diciembre de 2005 por la noche, un grupo de policías judiciales poblanos asaltó las oficinas en Cancún del Centro Integral de Atención a la Mujer (CIMAC). Vía terrestre, Lydia Cacho Ribeiro fue trasladada a Puebla, donde la encarcelaron con base a una demanda por difamación dirigida en su contra por el empresario Kamel Nacif, señalado como parte una red de pederastia en su libro Los demonios del Edén.

Meses después, el país conoció una serie de grabaciones telefónicas en las cuales el gobernador Mario Marín y el empresario libanés reían y celebraban la detención de la periodista. A partir de ese momento Lydia Cacho ya no sólo fue la periodista que durante 15 años de trayectoria dio voz a las historias de los otros, sino que empezó a encarnar —y contar— su historia, una de las muchas de impunidad que suceden en el país.

M Semanal la buscó para conocer con precisión su postura en torno a Memoria de mis putas tristes, la más reciente novela de Gabriel García Márquez que el gobierno poblano de Mario Marín estaba interesado en financiar económicamente para que se convirtiera en película.

DEO: ¿Cuándo leíste por primera vez Memoria de mis putas tristes?

LC: Lo leí en 2004, cuando estaba escribiendo Los demonios del Edén, alguien me lo regaló. Sentí lo mismo que cuando era adolescente y descubrí a La cándida Eréndira. Me deja esta sensación de fascinada complacencia con el maltrato a las mujeres, con las niñas prostituidas, el endiosamiento del patriarca. Es una presencia constante en toda la obra de García Márquez. Pensé en eso. Este libro, contrario a los otros que devoré sin parar, me pareció mediocre. No es que toque el tema, sino la complacencia y este discurso amoroso entre la violencia sexual y los viejos, ya sean dictadores, generales, periodistas o como dice el propio autor “viejos putañeros” parecidos a los de Vargas Llosa. Muchos autores clásicos y contemporáneos tocan el tema; en algunos hay angustia existencial en el discurso literario, hay profundidad, moraleja le llama J.M. Coetze, en otros no la hay, así es la literatura. Es importante esclarecer que estamos hablando de tres temas diferentes. Uno es la crítica concreta a la asociación de García Márquez con el Gober precioso en un tema espinoso. Otra es la crítica literaria, hecha desde dos perspectivas; los cánones del sistema patriarcal tradicional para criticar tanto a la narrativa como a la propia crítica o el abordaje feminista que analiza el arte desde una perspectiva hermenéutica diferente que nos permite enriquecer la discusión. La tercera es el debate que en los años setenta se dio en Estados Unidos y Europa sobre pornografía infantil, legalidad, el derecho a ofender y libertad de expresión. Estamos llegando tarde, pero me gusta que lleguemos al debate. Propongo que nos preparemos para pensar, no para pelear.

DEO: Tú has hecho un trabajo admirable en la denuncia periodística de pederastas como Succar Kuri, ¿has encontrado una influencia o una relación directa en la biografía de este sujeto y de otros pederastas, con la literatura?

LC: No. Solamente como producto cultural indirecto. Sería muy peregrino decir que porque hay libros que hablan sobre este tema hay más pedófilos; lo que sí es cierto es que quienes tienen estas prácticas buscan reivindicaciones en el arte, los cómics y la literatura, buena o mala, dependiendo del perfil del lector. Dos víctimas que entrevisté decían que sus abusadores las llamaban mi Lolita; es un lenguaje común entre pederastas, incluso en la jerga japonesa (Lollicons) y en los chats de pornografía infantil hay referencias en particular a Lolita. Yo no creo que sean por haber leído la ficción, creo más bien que se relaciona con la popularización y normalización del concepto. Lo que yo propongo es que la gente lea a Nabokov y forme su opinión.

DEO: ¿Cómo se crea un pederasta?

LC: Algunos fueron víctimas de abuso sexual en la infancia o adolescencia, abusados tanto por hombres como por mujeres. Otros son incapaces de relacionarse sexual y afectivamente con personas de su edad y necesitan niños y niñas. Otros con patologías graves necesitan apropiarse del cuerpo infantil y terminan ultimando la vida de sus víctimas cuando ya no se ven núbiles, vírgenes. La gran mayoría sostiene que es normal tener sexo con una niña o niño. Utilizan los argumentos de artistas y sexólogos que aluden a la sexualidad sana de niños o adolescentes, dejando del lado los factores de edad, violencia y abuso de poder. No es lo mismo que dos menores tengan sexo entre ellos en una acto de descubrimiento, a que un viejo los mande comprar a un burdel ¿no? Pues para el pederasta y el pedófilo sí es lo mismo. Porque las niñas y niños son objetos de deseo no sujetos de derecho. Estamos hablando de la vida real, ojo.

DEO: ¿Qué otras obras literarias o artísticas te parecen cuestionables desde tu punto de vista por hacer apología de la pederastia? Por ejemplo, en Arráncame la vida —película que contó con fondos del gobierno de Puebla— un general cincuentón desvirga a una joven quinceañera.

LC: Esta es una pregunta tramposa y para responderla escribiré un ensayo en forma. Mi postura, lo he escrito y reiterado, es sobre este caso particular. No voy a generalizar porque no acostumbro debatir en abstracto. Este es un caso concreto. En este caso particular yo pregunté y sigo preguntando ¿tienen la misma responsabilidad ética un Premio Nobel que Juan López para asociarse con el poder corrupto en un tema tan complejo? Es de una hipocresía monumental decir que sí. Si estudias el poder político, económico y mediático de la industria de la explotación sexual, entiendes cómo utilizan todos los argumentos a su alcance para avalar la esclavitud sexual. La línea es fina y entramos al ámbito de lo subjetivo. Yo defiendo el derecho de García Márquez a decir que le vale madre y el de otras y otros a preguntar, ¿por qué te vale?

Mario Marín, gobernador de Puebla.
Mario Marín, gobernador de Puebla. Foto: Octavio Hoyos

DEO: Desde tu punto de vista, ¿cuáles son los pasajes más cuestionables de Memoria de mis putas tristes?

LC: Yo no soy censora ni ignorante, y una obra literaria no se analiza por párrafos. La novela completa es una historia con metalenguajes que rebasan a su autor, quien no logra sustraerse de su realidad. No voy a transcribir el libro ni me desvío. No encontrarás nada escrito por mí que diga que este libro, u otro, promueven el abuso sexual infantil: son ficción y nadie puede defender a personajes ficticios (ni perder el tiempo en ello). Eso sería tan ridículo como asegurar que desde Balzac hasta Dostoievski, pasando por Paul Celan y Emerson, promueven conductas antisociales y diversas formas de violencia. El debate aquí es de fondo, pero como le tenemos miedo al fondo y a estudiar para debatirlo, nos perdemos en la forma, flotamos en la superficie. Tú quieres que yo diga algo en lo que no creo: que el libro del Gabo promueve la pedofilia. Falso. Que se regodea en ella: cierto. ¿Qué eso es un delito? Jamás.

DEO: ¿Qué piensas de Gabriel García Márquez? ¿A raíz de tu denuncia pública han tenido tú y él algún tipo de contacto?

LC: Pienso que tuvo un tremendo don para escribir e imaginar, algunos de sus libros son buenos y otros no tanto; que es un gigante para Latinoamérica y que está fascinado con los patriarcas putañeros. Nos hemos encontrado en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y su esposa me parece una tipaza, es con ella con quien he platicado. No creo que mi opinión le preocupe a él. El metalenguaje está allí y el dueño de la obra no puede fingir que no lo ve. Puede decidir que le da igual, eso sí.

DEO: ¿Hasta dónde piensas mantener este reclamo contra la película basada en la novela de García Márquez?

LC: Ja, ja… ¡de verdad! Hasta parece que estoy parada en el Ángel enredada en una bandera antigabo. Tengo mucho que hacer con mi vida. Yo sigo y seguiré preguntando si hay momentos en que los grandes artistas y escritores pueden o deben detenerse a mirar su responsabilidad ética sobre cómo y quién utiliza su obra. Ellos y ellas pueden responder que no, y están en su derecho. Así comenzó el debate en la UNESCO que llevó a establecer reglas sobre la responsabilidad moral de periodistas y artistas para evitar promover el odio racial y la tortura. A pesar de ello hay gente en la derecha y la izquierda que promueve ambos. Mi provocación tiene que ver con la pregunta ¿somos individuos o masas? ¿Podemos, o debemos, decidir una cosa en un caso y otra en uno diferente? Y la pregunta desde las ONG es si es más importante el derecho de un adulto que el de una niña o un niño, y es igual de válida. Es un debate, no la guerra.

DEO: ¿Qué piensas sobre las personas que si bien reconocen tu trabajo en defensa de la niñez, consideran que estás equivocada en protestar por el contenido de una obra literaria como Memoria de mis putas tristes?

LC: Pienso que están en su derecho de pensar así, de descalificarme o insultarme si lo consideran útil. Me llama la atención que haya tanta gente que crea que esto es personal con García Márquez, que hay que ponerse en algún lado, como si fuera todo o nada. La incapacidad de dialogar constriñe y divide. Lo que no deberían, aunque lo hacen, es poner palabras en mi boca. Hubo quien salió a defender la quema de libros, y (hasta donde yo sé) ni las ONG que fueron a la Procuraduría propusieron siquiera vetar el libro. Si algo lograron es que se vendiera más.

DEO: ¿Además de Memoria de mis putas tristes qué otras obras literarias te parece que hacen apología de la pederastia?

LC: Si quieres que hablemos de valores estéticos patriarcales, crítica literaria de la estructura lingüística y la extra-lingüística, del sexismo, la violencia sexual y la imagen de la mujer y las niñas en la literatura, de la clásica a la contemporánea, y que revisemos el papel juega la ideología dominante en el proceso de legitimación de un determinado estado de las cosas, te invito una botella de tequila y nos metemos a la biblioteca. Yo no hago listas más que del supermercado.

DEO: En Francia, Jean Marie Le Pen ha emprendido una campaña pública contra el ministro de Cultura Frédéric Mitterrand, por su novela La mala vida, precisamente porque, según su punto de vista, promueve la pedofilia ¿Qué piensas sobre esa polémica? ¿Qué te parece coincidir en esta cruzada con un hombre de la ultraderecha como Le Pen?

LC: Ahh, otra desviación... los obstáculos del blanco y negro. Lo que me distancia de Le Pen es que a él lo mueve el dogma religioso y político así como el deseo de censura y de aniquilar “al libertino”. A mí me mueve la libertad de expresión y el deseo de entender si quienes sabemos que lo que publicamos y con quienes nos asociamos tiene un peso e impacto social, si tenemos o no responsabilidad ética en casos específicos; si hay, o no, lo que Savater llama la elección ética individualizada. Yo he dicho en los foros que la gente debe leer Memorias… para formar una opinión. Fíjate que tramposo es el mundo intelectual. Cuando salieron los libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, la izquierda y muchas feministas se le fueron a la yugular. Yo critiqué afanosamente los efectos manipuladores de su obra. Muchos criticaron en medios progresistas que sus libros se leyeran en las secundarias y que tuvieran tanto éxito; ¿por qué nadie salió a señalar la censura? Porque es un mojigato de ultraderecha. Se supone que sólo las y los progres tenemos derecho a opinar, pero no para cuestionar a uno “de los nuestros”, a los patriarcas no se les toca. Y yo digo, ¿por qué no? El mundo intelectual mexicano está abatido por la política, necesita oxigenarse, crecer, autocriticarse.

Diego Enrique Osorno