La tuberculosis
Esquirla
Diego Enrique Osorno
El término “guerra contra el narco” resulta ambiguo. ¿Es una guerra en realidad o es una metáfora política? Para que sea una guerra de verdad hacen falta territorios específicos y el cumplimiento de una serie de requisitos básicos. Y si es una metáfora, entonces lo importante no es lo militar. En ese caso, el Ejército se ve rebajado de nivel y se convierte tan sólo en un instrumento para que los políticos —con la ayuda de los medios de comunicación— construyan su retórica.
Desvanecido el fantasma del comunismo luego de la caída del Muro de Berlín, el terrorismo en el primer mundo y el crimen organizado en los países subdesarrollados se convirtieron en los nuevos “enemigos públicos”. Esto lo define el francés Emmanuel Todd como el “micromilitarismo teatral”, un nuevo fenómeno mundial usado por los gobiernos débiles con dos objetivos principales: hacer olvidar problemas económicos y políticos fundamentales y transmitir a los gobernados el sentimiento de que el gobierno aún es necesario.
Una vez que pudo asumir la presidencia de México, Felipe Calderón hizo de la legalidad uno de sus temas principales. La estrategia ha sido relativamente exitosa hasta los albores de 2010, aunque ya comienza a notarse cansancio en algunos sectores ante tanta sangre derramada. Con “la guerra contra el narco” el presidente consiguió en un momento crítico crear la imagen de que encabeza un gobierno legal, el cual, sin embargo, sigue siendo ilegítimo para no pocos mexicanos que creen que en 2006, al igual que en 1988, hubo fraude electoral.
Así como se usa el término “guerra contra el narco”, quizá también se podría hablar de “guerra contra la marginación”, que nunca se “declaró” en México, pero sí en el Brasil de hace unos años. Cuando Luiz Inácio Lula da Silva asumió la presidencia brasileña luego de un arrollador y claro triunfo electoral, una de las primeras cosas que hizo fue declarar la guerra también, pero contra el hambre.
En el México de hoy, la desnutrición y el hacinamiento que provocan la propagación de la tuberculosis matan más que los “cuernos de chivo”; sin embargo, el número de víctimas que cobra día a día esta enfermedad de pobres se mantiene en silencio: de enero de 2000 a junio de 2008 se estima entre 15 mil y 17 mil el número de personas ejecutadas al estilo de la mafia, pero en el mismo lapso, de acuerdo con reportes oficiales, 22 mil 581 mexicanos murieron a causa de la tuberculosis.
En promedio, desde el año 2000 cada cinco horas ha muerto una persona a causa de tuberculosis, aunque en los reportes obtenidos se aclara que el número calculado de muertes en 2007 y el primer semestre de 2008 es preliminar, por lo que la cifra resulta imprecisa. Hay investigadores independientes que aseguran que la cifra verdadera de muertes es mucho mayor que la reconocida en la documentación oficial.
En el primer informe de gobierno del presidente Calderón la tuberculosis abarcó apenas unos párrafos, uno de los cuales decía de manera genérica que “las desigualdades que prevalecen entre los diferentes estratos poblacionales de nuestro país explican en gran medida el hecho de que en algunas regiones del país, sobre todo rurales, persistan las enfermedades propias del subdesarrollo, como son las infecciosas o transmisibles”. En cambio, el documento presidencial incluyó más de una docena de cuartillas con su retórica en torno a la “guerra contra el narco”.



