Habla, memoria

El santo oficio

José Luis Martínez S.

  • 2009-11-01 | Milenio semanal
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Foto: Tomada de la revista <i>Maxim</i>
Foto: Tomada de la revista Maxim

A Ixchel Cordero Chavarría

El mediodía de un extraño domingo, el cartujo renuncia a sus gastadas sandalias y descalzo camina por las calles ardientes de la Ciudad de México en busca de lugares perdidos. Sólo encuentra recuerdos, nombres olvidados, hazañas extraviadas en el intrincado laberinto de la memoria.

Del Hotel Virreyes, ubicado en la esquina de Izazaga y San Juan de Letrán, donde a principios de los sesenta se hospedaban Ultiminio Ramos y José Ángel Mantequilla Nápoles, el humilde monje, acompañado por un pequeño grupo de misioneros, emprende la expedición para localizar sitios históricos del boxeo mexicano. En Doctor Arce, frente al mercado Hidalgo, un edificio de condominios ha sustituido a los Baños Margarita, el último refugio de Lupe Sánchez y sus muchachos: Pipino Cuevas, Rodolfo el Gato González, Humberto la Chiquita González, ídolos de un deporte cuyas luces poco a poco se apagan. Imaginan a Pipino golpeando la pera fija hasta desbaratarla, la fanfarronería del Gato, el hieratismo de la Chiquita, la mirada acuciosa y la voz enérgica de su veterano manager. Nada queda de aquellos polvos, como nada queda de los Baños Avenida en Niño Perdido (ahora Eje Central), entre Arce y Balmis. Junto a un taller de reparación de bicicletas está la entrada al feo edificio donde entrenaron José Becerra y Raúl el Ratón Macías bajo las órdenes de otro manejador legendario, Pancho Rosales, quien tuvo en Miguel Ángel González su último campeón mundial. Parados en la acera contraria, los cofrades leen la crónica La tarde que México se paralizó, de Héctor de Mauleón, y comentan aquel 26 de septiembre de 1954 cuando en el país nadie hablaba sino de la pelea por el campeonato gallo de Norteamérica entre el retador Ratón y el monarca estadunidense Nate Brooks en la Plaza de Toros México. Ahí estaban Cantinflas, María Félix, Jorge Negrete, Pedro Infante, las más grandes estrellas del cine mexicano, los más encumbrados políticos. Ahí estaban alrededor de 56 mil aficionados impulsando con sus gritos al tepiteño, vencedor, después de doce rounds, por decisión unánime… En Arcos de Belén, ante una horrible “torre de cristal” el trapense se arrodilla y persigna. ¿Cómo no hacerlo si en ese lugar se ubicaban los Baños Jordán, la catedral del boxeo mexicano? El Ratón Macías, al principio de su carrera, Ricardo el Pajarito Moreno, José el Toluco López, José Medel, Luis Villanueva el Kid Azteca, Rodolfo el Chango Casanova, Mantequilla, Ultiminio, el Púas Rubén Olivares, Alfonso Zamora, Carlos Zárate y tantos otros peleadores inolvidables se formaron en ese gimnasio maloliente y ruidoso, entre gritos y regaños de mánagers como Arturo el Cuyo Hernández. Nada queda, excepto la memoria, para no olvidar las funciones en la Coliseo y en la México (convertidas en reductos de la lucha libre), en el Toreo de Cuatro Caminos, a campeones como Vicente Saldívar, héroe de los Baños Granada, a cronistas como Jorge Sonny Alcarcón y Antonio Andere… QUERIDOS CINCO LECTORES, con el gancho al hígado de una belleza anónima, el Santo Oficio los colma de bendiciones. El Señor esté con ustedes. Amén.

joseluis.martinez@milenio.com