La Familia cruza el Río Bravo
El búho americano
George W. Grayson
El seis de septiembre de 2006, en el centro nocturno de mala muerte llamado Sol y Sombra, en Uruapan, Michoacán, unos intrusos dispararon al aire sus AK-47, ordenaron a los parroquianos tirarse al suelo y rasgaron una bolsa de plástico con cinco cabezas humanas. Dejaron una nota en el nombre de Dios para justificar su violencia y escribieron que “La Familia no mata por dinero; no asesina mujeres, tampoco gente inocente; sólo a aquellos que merecen morir. Todos deben de saber que… esto es la justicia Divina”. Un día antes los ejecutores habían cortado las cabezas de sus víctimas con cuchillos marca Bowie (de caza y monte). “Nadie hace algo semejante a menos que se quiera enviar un gran mensaje”, dijo un judicial estadunidense que habló bajo promesa de mantener su anonimato.
Este hecho fue la marca de La Familia, también conocida como La Familia Michoacana, grupo que fue blanco del Departamento de Justicia y del procurador general, Eric H. Holder Jr., en 19 entidades de Estados Unidos del 21 al 22 de octubre. ¿Cómo logró notoriedad La Familia y cómo penetró en más de una docena de ciudades de EU? Su crecimiento se debió a lo que el ya fallecido historiador de Harvard, Crane Brinton, llamó “soberanía doble”, es decir situaciones en las que los aspirantes al poder crean un conjunto de instituciones, cortes, oficinas de impuestos, policías, etcétera, paralelas a las de los antiguos regímenes que buscan desbordar. Por ejemplo, los Clubes Jacobinos de Robespierre crearon sus andamiajes políticos al lado del asediado gobierno de Luis XVI en vísperas de la Revolución de 1769. Hoy las actividades de La Familia son paralelas a las de los talibanes que dicen ser soldados del Islam mientras compiten por el poder en Afganistán y Pakistán.
El líder de La Familia, Nazario El más loco González, reclutó miles de seguidores, sobre todo jóvenes, de centros de rehabilitación de alcoholismo, abuso de drogas y problemas sicológicos. Les brindó apoyo social, los obligó a leer la Biblia y los alineó en la lucha contra el uso de las metanfetaminas y otras drogas en Michoacán. El puerto de Lázaro Cárdenas es un ábrete sésamo para la cocaína procedente de los países andinos y de los precursores químicos que se producen en Asia y en Europa. Sus tropas de cerebros lavados combinadas con la riqueza por la venta de metanfetaminas permitieron a La Familia establecer estructuras paralelas muy cerca de las constituidas por los gobiernos en 77 de 113 municipios michoacanos. El más loco determina el resultado de las elecciones, exige un “impuesto de guerra” para proteger sus negocios e infunde miedo entre alcaldes, fiscales y funcionarios encargados de hacer cumplir las leyes.
La Familia tiene similitudes con los fervorosos insurgentes en Afganistán y Pakistán, que decapitan civiles acusados de traición y justifican la venta de drogas a los infieles. La Familia es tan fuerte que parece haber eclipsado al grupo paramilitar de Los Zetas en el Estado de México y derrotado al infame cártel de Sinaloa en Guanajuato. Los recientes arrestos de 300 activistas de La Familia demuestran que los talibanes mexicanos extendieron sus letales tentáculos al norte del Río Bravo.
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Traducción: Jeanette Becerra Acosta



