Agricultura Sustentable: eres lo que comes
A diferencia de nuestros abuelos, la gran mayoría de los jóvenes urbanos nunca ha ordeñado una vaca o cultivado alguna planta para consumo propio; hemos perdido nuestra conexión directa con la comida.
Que la población mundial se haya duplicado en los últimos 50 años tiene mucho que ver con la manera en la que hemos logrado maximizar la producción de alimento. Las monoculturas, los alimentos transgénicos y la agricultura industrial han aumentado la oferta de ciertos productos alimenticios a los cuales se les orquesta una demanda por medio de la propaganda mediática. Los mexicanos hemos aceptado una dieta que nos convierte mundialmente en uno de los países con más obesidad y diabetes tipo II.
El actual problema radica en que no sabemos de dónde provienen nuestros alimentos. A diferencia de nuestros abuelos, la gran mayoría de los jóvenes urbanos nunca ha ordeñado una vaca o cultivado alguna planta para consumo propio; hemos perdido nuestra conexión directa con la comida. Una gran parte de nuestros alimentos viene en cómodas bolsitas de plástico desechable que adquirimos esperando de antemano un sabor y un color fijo.
Esto tiene un grave impacto en la biodiversidad de nuestro planeta. A mediados del siglo pasado, La Revolución Verde comenzó en México con el liderazgo de la Rockefeller Foundation y la Ford Foundation. Los científicos de países industrializados buscaban catapultar el sector agrícola de aquellos en desarrollo al compartirles tecnología de agricultura industrializada y semillas de alto rendimiento, semillas que pueden ser utilizadas únicamente para un temporal y que funcionan óptimamente tan sólo al acompañarlas de un fertilizante complementario. Esta actividad desplaza las antiguas prácticas de los campesinos mexicanos —rotación de cultivos, implementación de compostas y la adaptación del temporal climático de cada parcela— que seleccionaban aquellas semillas provenientes de sus mejores plantas de modo que cada región del país produjera múltiples variantes cada vez mejores del mismo alimento y cuyo sabor reflejaba el tipo de tierra, agua y clima de la localidad.
Actualmente en México existen iniciativas que procuran mantener la biodiversidad al promover la agricultura sustentable sin fertilizantes derivados del petróleo y sin el uso de plaguicidas tóxicos. El doctor Fluvio Gioanetto Cuel, del Centro de Agronegocios de Michoacán, comentó en el primer Congreso Internacional de Ciudades Sustentables la importancia de preservar la biodiversidad a través de nuestros pequeños productores agrícolas. Señala que en un país donde se batalla para llevar el pan a la mesa y existe la creencia de que ir al supermercado es más barato, el crecimiento de la agricultura sustentable depende de la demanda que exista hacia estos cultivos y la continuidad de los tianguis, en los cuales la sociedad se apropia de estos espacios que ofrecen productos locales, orgánicos y de temporal; también enfatiza que debe haber un cambio de cultura en donde por medio del paladar se difunda el amor por la comida orgánica: al comer orgánico y local estamos propiciando el desarrollo sustentable de nuestro ambiente y preservando la biodiversidad.



