Visita de doctor con Robert Sean Leonard
Saltó a la fama en La Sociedad de los Poetas Muertos pero prefirió establecerse como un actor teatral. Es el paciente doctor Wilson de la exitosa serie Dr. House
En 1989 Robert Sean Leonard (Nueva Jersey, 1970) saltó a la popularidad como protagonista juvenil —junto con su amigo de la infancia, Ethan Hawke— de la cinta de Peter Weir, La Sociedad de los Poetas Muertos, que llevaba en el papel principal a Robin Williams. La cinta se convirtió con el tiempo en cinta de culto y abrió las puertas de Hollywood para una generación de jóvenes actores. No obstante, Leonard no quiso apartarse demasiado de lo que él mismo llama su “primer gran amor”, que es el teatro, y permaneció casi de tiempo completo en Nueva York, actuando en Broadway en obras de Eugene O’Neill, Tennessee Williams o Arthur Miller, al lado de figuras como Vanessa Redgrave, Joe Mantegna, Cynthia Nixon, Philip Seymour Hoffman y Blythe Danner (obtuvo un premio Tony en 2001 como mejor actor por su trabajo en La invención del amor, de Tom Stoppard).
El actor se acercaba poco a los sets de cine hasta que incursionó en una serie de TV y esto, literalmente, cambió su vida al convertirlo en el doctor James Wilson, amigo, confidente, comparsa, cómplice involuntario y brújula moral del doctor Gregory House, personaje interpretado por el británico Hugh Laurie quien se ha convertido en el galeno que todo mundo ama odiar y que ahora entra en su sexta temporada. “Nunca había pensado en la posibilidad de hacer un serial”, señala Leonard, “yo estaba acostumbrado a hacer una temporada teatral, o un rodaje en estudio y locación que no excediera el mes o los 40 días. Eso me parecía bien. Pero, ya sabes, cuando menos te lo esperas alguien llama y te dice: ‘Oye tengo aquí este papel que me encantaría que leyeras, porque creo que te quedaría estupendo...”, y cuando te das cuenta ya estás involucrado en un proyecto de televisión. Fue bueno para mí porque descubrí un aspecto de la profesión que desconocía y que me dejó profundamente satisfecho”.
MC: Tu personaje, James Wilson, viene a ser una especie de contraparte para House, ¿cómo definirías el vínculo entre ambos?
RSL: Creo que Wilson lo quiere genuinamente. Si no fuera así no podría tolerar la clase de cosas por las que ha pasado (ríe). Creo que se complementan muy bien: House es brillante, inconforme e ingenioso... y tiene serios problemas de convivencia y de carácter. Es decir, trata mal a la gente pero lo hace de forma ingeniosa. Todo lo que hace tiene un propósito. Pero Wilson es su seguridad. Sabe que cuenta con él pese a las cosas que ha hecho, y como sabes ha hecho cosas terribles y no sólo a la doctora Cuddy y su equipo; también a Wilson. Es una manera interesante de interactuar en cada capítulo: es muy enriquecedor, hay comedia, hay pathos, hay afecto sincero... ¿recuerdas esas comedias que hacía Billy Wilder con Jack Lemmon y Walter Matthau? Pues algunas veces pienso que la relación entre ambos es más o menos como en esas películas, igual de dispareja y de significativa.
MC: ¿El vínculo es tan bueno en la vida real?
RSL: Claro, ahora Hugh y yo nos conocemos mucho mejor y confiamos mucho más el uno en el otro, así que puedo decirte que no es tan difícil ser amigo de Hugh Laurie como de House; es un buen compañero de trabajo y una persona muy entretenida, muy sorprendente. Su sentido del humor es a veces desconcertante, pero toda vez que lo conoces y sabes qué está pasando, es irresistible ser cómplice de sus bromas cuando las hace. Puedo decirte que es una persona que hace muy placentero el trabajo y el tiempo que pasas con él.
MC: Algo que funciona muy bien en pantalla son los diálogos. ¿Improvisan algo de esas conversaciones?
RSL: Nuestros guionistas son mucho más listos e ingeniosos de lo que nosotros podríamos ser en un millón de años, así que la verdad es que no improvisamos. Cuando filmamos el piloto en 2003, Bryan Singer, el director y productor, me dijo que no sabía si quería que fuera sarcástico y frío o cálido. Yo le dije “No quiero ser como un osito de peluche, House no perdería su tiempo tratando con alguien así”. Estuvo de acuerdo, pero me dijo “Sonríe un poco más y veamos qué sucede”. Así lo hice y la química se dio. Al final teníamos razón. Cuanto más trabajamos en ello más distante se volvía Wilson y más mejoraba la relación. La relación entre House y Wilson funcionaaun si Wilson es más sensible y prefiere ir a lo seguro antes que a lo cómodo. Además House lo considera su igual, no hay una tensión sexual como con Cuddy o una cuestión didáctica como con sus equipos de pupilos. Wilson es la cara sociable de House, por así decirlo.
MC: ¿Te identificas con ese aspecto de Wilson?
RSL: ¿Yo? ¡Nunca! Si paso un par de días sin trabajar ni siquiera me quito la pijama. Y menos aún trato con otras personas. Mi esposa y yo solemos desaparecer en casa, lo único que nos gusta hacer es leer y ver El encantador de perros. Por eso estamos juntos ella y yo. En 1995 mi amigo el productor Jason Blum me dijo: “Sólo conozco una persona que salga menos de casa que tú, y es mi prima Gabriella”. Ella es una gran amazona y una persona muy culta: sabe muchísimo sobre las raíces de los idiomas pre-indoeuropeos, y no le importa que mi trabajo no sea tan apasionante como el suyo (ríe). Casi nunca salimos y desde que tenemos un bebé (su hija Eleanor, nació en enero de este año) aún menos. Me quedo en casa, leo, Gabby sale a montar, cocinamos en casa. Somos aburridísimos. Estoy seguro de que mis personajes tienen una vida más excitante que la mía (carcajadas).
MC: Wilson es tu personaje más conocido que hayas interpretado; ¿cómo te sientes con un programa de tanto éxito?
RSL: Si te soy sincero creo que tengo el mejor trabajo de todo Hollywood. Rara vez trabajo más de tres días a la semana. Como ya dije, si tuviera que trabajar tanto como lo hace Hugh, me tiraría de un puente. Me encanta ser actor, pero también me gusta mi vida, mi mujer, mi hija, mis perros, la vida en casa. Hugh se pasa 16 horas al día en el set y, sin ánimo de ofender, a mí no se me ocurren muchas cosas por las que merezca la pena hacer eso. Se lo he dicho, él lo sabe. Pero todo mundo ve las cosas desde perspectivas distintas.
MC: ¿Has pensado en cambiar un poco el enfoque, acercarte al cine, a la fama, aprovechar el éxito como plataforma?
RSL: Sí, pero no me interesa. Prefiero mantener mis opciones abiertas básicamente por dos razones. Una de ellas, la más importante, es Eleanor. Quiero verla crecer, quiero estar allí, ser partícipe de todo lo que ocurre en su vida mientras vaya descubriendo el mundo en su primer año de vida. Y por otra parte, mi gran pasión es el teatro. No puedo renunciar a él. Así que estoy bien así. Cuando la serie termine volveré más de cerca al teatro. Eso es lo que realmente quiero hacer.
MC: ¿Qué va a ocurrir con la nueva temporada de House?
RSL: Los guionistas se divierten mucho, creo yo. Escribir este programa —cualquier programa, pero éste en particular— es muy difícil. Hay que tener en cuenta el timing de Hugh, que en algunos casos lo es todo, y encontrar trastornos médicos sorprendentes es cada vez más difícil —vamos ya a entrar al sexto año— sin caer en redundancias. Y lo hacen muy bien. Este año House se va a encontrar con algunas sorpresas que no esperaba y no le van a gustar algunas cosas, pero tendrá que adaptarse. Lo bueno es que el equipo —una mezcla ahora de los dos grupos que creó— lo seguirá de cerca... y siempre tiene a Wilson, aún si a veces tiene ganas de ahorcarlo (ríe). Esta temporada es diferente y creo que dejará un buen sabor de boca a los seguidores, porque esto es lo que al final del día importa.



