De videntes y maricones
Ombudsman
Salvador del Río
La fuerza bruta aún puede tolerarse,
pero la razón bruta en modo alguno
—Oscar Wilde
“A veces se dan coincidencias en la vida. Verlo (sic) mejor así”. Parecían las palabras de un vidente: al rendir protesta como alcalde de San Pedro Garza García, Mauricio Fernández anunciaba, cuatro horas antes de que el hecho se conociera, la “ejecución” de Héctor Saldaña Perales y tres delincuentes más.
Habría sido mejor así. Pero no era una percepción extrasensorial. Él lo aclaró: “Hay grupos de inteligencia que me reportan directamente a mí, grupos de trabajo que yo les llamo como tipo de limpieza (sic) que serán responsables de convencer, como sea necesario, a estos grupos criminales que aquí no tienen cabida”. Y luego: “Les anuncio que me voy a tomar atribuciones que no tengo… la van a entender por las buenas o por las malas… pero si nos estamos haciendo güeyes todos (el resto de los alcaldes), de que no sabemos nada y de que como la bronca no es nuestra, pues, ni me meto”.
En la perdida guerra contra el crimen organizado, surge el siniestro fantasma de la muerte por escuadrón.
Los géneros
“Lo aprobaron cobarde y mariconamente”, exclamó la diputada yucateca Beatriz Zavala al referirse a la forma en que el PRI abordó el paquete fiscal.
El mariquita se adorna/ con un jazmín sinvergüenza…/ el escándalo temblaba/ rayado como una cebra: Federico García Lorca. Pero también: No quiero decir por hombre/ las cosas que ella me dijo. Y así es: la valentía no tiene género. Vaya, hasta para ser gay se requiere esa virtud. Propuesta muy feminista y nada homofóbica: que los órganos legislativos se llamen cámaras de diputados, de diputadas y de maricas. Y que cada quien vote como quiera.
Las palabras
Hay neologismos y sencillamente barbarismos. Exequiel Ezcurra, vasco él, director de un instituto de investigación de la Universidad de California, es una potencia en transgénicos. Pero eso no lo autoriza a decir, como lo transcribe Mónica Flores Lobato en “De cuando las zanahorias eran moradas”, que la agricultura industrializada de Estados Unidos se colapsaría precipitosamente sin los subsidios que le permiten colonizar al maíz mexicano, cuyo ancestral cultivo se derrumba estrepitosamente. Si “En Todo oídos” Xavier Quirarte escribe intricada consciente del arcaísmo, está bien. Si no, es una errata por intrincada.
En el testimonio de un jubilado de la presa de Necaxa, no está bien que se atribuya a los trabajadores el truene de Luz y Fuerza, como lo escribe en su humano reportaje David Somellera.
Con duros castigos el profesor Jiménez nos hacía entender las sencillas reglas de la construcción regular y los accidentes en la oración. Se lo agradezco: sujeto, verbo y predicado. Escribe Víctor Ronquillo en “El campo devastado”: “Armando Bartra, reconocido investigador del tema del campo (,) anota…”. ¿Por qué la segunda coma ausente en el texto? Pues porque antes del verbo anota hay un complemento explicativo del sujeto: reconocido investigador…, que obliga a encerrar entre comas el índice parentético.
Anacoluto o solecismo
Cambio repentino en la construcción de una frase, que produce una inconsistencia: “Esta tecnología es una cuya historia apenas comienza a escribirse”, dice Mónica Flores Lobato en su citado artículo. Bien pudo simplificar: la historia de esta tecnología apenas comienza a escribirse.
Si el punto final en el texto del sumario en “Hank Aaron” no es más que una falta tipográfica venial, no hay erratas en el último número de M Semanal. ¡Bravo!



