Micheletti: “Nos vemos en las elecciones de noviembre”

La resistencia hondureña apuesta a que el Congreso y la Corte restituyan a Zelaya en la presidencia, aunque al cierre de esta edición el pacto para formar un “gobierno de unidad y reconciliación” avalado por la OEA estaba roto.

  • 2009-11-08 | Milenio semanal
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Foto: Rodrigo Abd/ AP

El pueblo hondureño sigue en pie de lucha y no pensamos desistir hasta que nuestro presidente legítimo sea restituido”, dice Mayra Tamez, vocera de la resistencia en la capital. “Es extraño pero así son las cosas aquí, sólo las colonias humildes marchamos en protesta a diario y hoy ya es de madrugada pero las muestras de descontento no cesan”. Tamez continúa, “si logramos que la policía no nos detenga en las próximas cuadras, la meta de hoy será concentrarnos en el corazón de la (colonia) Kennedy para proyectar un video sobre la resistencia que venimos ofreciendo desde hace más de 100 días”.

La coordinadora no exagera. Minutos atrás el gas pimienta y la represión fueron tan brutales en los barrios cercanos a la terminal de autobuses que muchos de los vecinos decidieron darse a la fuga. Mientras tanto, la fila principal ya logró su cometido y formó un bulto uniforme frente a la pantalla improvisada en una pared de 20 metros cuadrados. Se inicia la proyección y las imágenes tienen un resultado fulminante. Utilizando retazos de videos recolectados por el sinfín de cámaras presentes en los eventos de los últimos meses, la película reúne los choques más violentos entre la policía y los manifestantes. Piedras y bombas incendiarias conforman un montaje que contrasta con las armas de las fuerzas antimotines. Todos observan en silencio, absortos por el sonido de los fusiles automáticos y los gritos de la gente. Un primer enfrentamiento en el estadio de futbol, otros en la universidad y finalmente el tiroteo en el aeropuerto Toncontín cuando una multitud se acercó para esperar la fallida llegada del presidente Zelaya. “Comenzaron a disparar para ahuyentarnos y sabíamos que si despegábamos la cara del piso nos podían matar. Mientras aguardábamos en uno de los alambrados…”, la joven representante del frente juvenil detiene su comentario y los próximos minutos de la película explican el resto. Aquel día, francotiradores del Ejército hondureño apostados en la pista de aterrizaje ultimaron a dos jóvenes con disparos de rifles de alto poder.

La resistencia hondureña “con más muertos y afrentas  por cobrar”.
La resistencia hondureña “con más muertos y afrentas por cobrar”. Foto: Oswaldo Rivas/ Reuters

“Buscamos instruir a la gente para que entienda la lucha que sus hermanos están llevando a cabo. Si queremos modificar esta realidad, estas imágenes son más que elocuentes para tocarnos en lo más íntimo y comprender que los ciudadanos deben pelear por sus derechos. Si hay jóvenes que han dado la vida por Honduras, ¿por qué nosotros no?”, enfatiza Rogelio Maduro, un devenido conductor de taxi que camina de la mano con su sobrino. Maduro forma parte de las cabezas encargadas de mantener vivo el fuego contestatario en Tegucigalpa.

Películas, protestas, marchas y diversos mítines clandestinos configuran la logística de la denominada resistencia. “Por ahora las autoridades parecen ganar y los gases lacrimógenos y balas de goma llevan la delantera por varios cuerpos; pero eso cambiará cuando los ciudadanos comprendan que nos están engañando a todos con los maquillados diálogos de negociación”

GOLPE A LOS SALONES DE CLASES

La noche caliente de protestas da pie a una mañana tibia y seca. Al atravesar diariamente el laberinto de calles de Tegucigalpa la percepción de la desintegración social se vuelve tan obvia que entristece. Los reporteros son obligados a encerrarse en el lujoso hotel Clarión para esperar las novedades de los frustrados diálogos propuestos por la Organización de Estados Americanos (OEA). Además de este edificio, sólo la embajada de Brasil y su forzado huésped, el depuesto mandatario Zelaya, parecerían merecer la privilegiada atención mundial. Pero, ¿qué ocurre en el resto de la capital, con los ciudadanos?

Cualquier ama de casa mexicana comprendería la magnitud de las cifras. En Honduras un trabajador percibe un salario mínimo de 200 dólares y el paquete de treinta alimentos que conforma su canasta básica sobrepasa ese monto por 50 dólares. Es decir, al empleado no le alcanza para comprar lo mínimo indispensable para lograr los niveles necesarios de nutrición. Repetidas incursiones por los supermercados capitalinos demuestran la escasez de compradores y la notoria subida de precios, pues un simple paquete de jamón alcanza la lujosa cifra de nueve dólares.

Sabiéndose el país con la canasta básica más cara de Centroamérica, la proliferación de puestos callejeros transformó Tegucigalpa en una combinación de insalubridad y desorden peatonal. “Sobre la avenida Gutenberg se encuentra de todo. Yo vendo plátanos, piña, sandías y naranjas en precios que oscilan los dos dólares y la queja de la gente es inmediata. No entiendo cómo dicen que aquí no hay mucha inflación, realmente nos estamos muriendo de hambre”, explica Ana Flores de 50 años. “Mi hijo duerme en el puesto, aquí mismo; ponemos una manta y cerramos una parte para que él se acueste hasta las seis de la mañana cuando comenzamos a ordenar todo”.

Manuel Zelaya en la embajada brasileña en Tegucigalpa.
Manuel Zelaya en la embajada brasileña en Tegucigalpa. Foto: Edgard Garrido/ Reuters

Desde los puestos de frutas hasta el centro histórico hay una veintena de cuadras. Siguiendo los grafiti, la mayoría de las consignas se rayan en los negocios privados y las escuelas: “Golpistas”, “100 días de lucha”, son sólo algunos de las consignas. “Los que peor la están pasando son los jóvenes y a largo plazo será desastroso para el país. A nivel educativo básico superamos los dos millones de alumnos, pero el sistema está tan corrupto políticamente que las clases se están dando a cuentagotas”, denuncia Irma, profesora desde hace 10 años que pide mantener su apellido en el anonimato. “Ya está confirmado que en unos días finalizará el periodo escolar. Además, nos obligan a aprobar a los alumnos sin importar su resultado previo, un pésima decisión”. Contaminado en su totalidad por la política, el ambiente magisterial convive actualmente con sucesivas protestas y plantones de los profesores partidarios del depuesto mandatario Zelaya Rosales. Y aunque en años anteriores las manifestaciones en contra del presidente liberal fueron de gran magnitud, el golpe radicalizó de manera indeclinable la situación. “Desde hace años los profesores vivimos una situación muy precaria, con demasiados meses de adeudos y grandes deficiencias administrativas referidas al Estatuto del docente. Pero más allá de dicha coyuntura, el choque entre gremialistas y el Ministerio de hoy se orienta más a una lucha oportunista que se aprovecha el golpe de estado que estamos padeciendo”, confirma la maestra.

Ubicada al noroeste de la capital, la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH) es la entidad de altos estudios con más presupuesto en Centroamérica (seis por ciento) que, a diferencia de sus pares regionales, no genera focos de conflicto a nivel ideológico. “Es muy duro decirlo, pero aquí los estudiantes somos demasiado apáticos y no estamos acostumbrados a luchar. Quizás sea por el contenido de las lecturas o por nuestra formación anterior, pero ciertamente el estudiante de la UNAH no es crítico ante el sistema“, confiesa Veralucía Durán, referente de la Fuerza Universitaria Revolucionaria (FUR). Durán agrega que el problema de raíz se da en la empatía existente entre el cuerpo docente y el presidente de facto, Roberto Michelleti. “Por un lado tenemos el enfrentamiento entre la rectora, Julieta Castellanos,
y su ex sindicato del magisterio. Y por el otro el visto bueno de las autoridades universitarias para permitir muchísimas violaciones a los derechos de los estudiantes por parte de las fuerzas policiales”. Agrega que “esa combinación produce un letargo en los jóvenes que decanta en miedo por protestar ante el bajísimo nivel educativo en una plantilla docente con sueldos excesivamente altos”.

Según la estudiante, la frustración por la inactividad en la UNAH se complementa con la postura más radical que ostenta la Universidad Pedagógica Nacional, cuya preponderancia en este último mes de octubre ha sido clave debido a su cercanía con el hotel responsable del “Dialogo Guaymuras”. “De allí hemos partido la mayor parte del estudiantado para oponernos al golpe de estado. Ha pasado de todo, desde enfrentamientos cuerpo a cuerpo hasta la quema de un local de comidas de la cadena internacional Popeyes. Las agrupaciones de estudiantes sólo estamos esperando la luz verde para volver a salir; llegado ese momento cualquier cosa podría pasar”.

Roberto Micheletti.
Roberto Micheletti. Foto: Yuri Cortez/ AFP

TELEVISIÓN Y CIRCO

Caminar de la Universidad Pedagógica hasta el hotel Clarión es cansado. Negocios clausurados, gasolineras a medio abrir y decenas de paredes pintadas anuncian la llegada al lugar donde la prensa internacional estuvo afincada durante semanas en espera de una resolución que finalmente nunca llegó. El Frente por la Resistencia se reunía en la esquina contigua al hotel, donde una centena de manifestantes comenzaban a mostrar banderas rojas, repartían hojas con propuestas soñadoras y se reunían en torno a una camioneta con altavoces para escuchar las declaraciones de su líder, el carismático Juan Barahona. “Si no hay Constituyente, de nada sirve. Queremos más que la mera restitución de Zelaya”, diría tiempo antes de renunciar a la comisión negociadora por desacuerdos internos con sus colegas.

Aquellas eran las mañanas cuando la policía y su afamado grupo de choque, Los Cobras, se abultaba en el perímetro cercano a los seguidores melistas para enviar un mensaje implícito sobre las consecuencias de un supuesto corte en las calles. Los periodistas recluidos en el Clarión se limitaban a conseguir declaraciones de fuentes oficiales relacionados a la mesa negociadora; el salón de recepción se transformó en un amontonado conjunto de monitores, computadoras y cámaras de todos los tamaños. Cada cual intentaba conseguir una primicia tras no haber salido del vestíbulo en dos semanas. Aquellas eran las tardes y noches donde los políticos llegaban a las conferencias de prensa diciendo que las negociaciones estaban avanzando, primero en un 60 para luego quedar en un 90 por ciento. Todo era sonrisas, imagen y superficialidad.

Fue la noche del viernes 23 de octubre cuando la gente de la mayoría de los barrios humildes salió a protestar y a festejar la hipotética restitución de Zelaya en el poder. Algunos periodistas llegaron de atropellada al hotel, y la otra masa mediática ya estaba dispuesta a escuchar las reveladoras palabras de Micheletti. Muchos pensaban que por fin todo se solucionaría, pero eran las 11 y media y el presidente de facto se mofaría por última vez del mundo. “Aquí todo sigue igual, no hemos llegado a ningún acuerdo. Nos vemos en las elecciones de noviembre”.
Santiago Fourcade • Periodista y catedrático de la Universidad Regiomontana


Foto: Rodrigo Abd/ AP

Se rompe el pacto: sin gobierno de unidad

Al cierre de esta edición, Honduras continuaba sin una solución política para constituir el “gobierno de unidad y reconciliación” acordado la noche del jueves 29 de octubre luego de una visita del encargado del Despacho para Asuntos Hemisféricos de Occidente, Thomas Shannon. Micheletti y Zelaya aceptaron el pacto Tegucigalpa-SanJosé-Diálogo Guayamuras (nombre anterior de Honduras) aceptando que el Congreso, en acuerdo con la Suprema Corte, votara la posible restitución del presidente depuesto, siempre y cuando éste renuncie a establecer un Congreso Constituyente con miras a permitir su reelección y que entre ambos armaran un gabinete de unidad para garantizar la viabilidad y legitimidad de los comicios del 29 de noviembre.

Así, el presidente de facto había pedido en la tarde del jueves a sus ministros que dimitieran de sus cargos para facilitar la formación del gobierno de unidad contemplado en el acuerdo y, tras conocerse la renuncia del gabinete ministerial, Rafael Pineda Ponce, el ahora ex ministro de la Presidencia del gobierno interino hondureño, aseguró en rueda de prensa que quien presidiría este gobierno de unidad nacional sería el propio Micheletti, quien el viernes presentó una lista con sus propuestas para el gabinete de unidad donde Zelaya no estaba incluido insistiendo que no por eso el acuerdo dejaba de estar vigente.

Por su parte el depuesto Zelaya, avalado por la OEA, dijo que el acuerdo que firmó la semana pasada con el Gobierno ‘de facto’ de Honduras era “letra muerta”. “Un gobierno no se puede armar sin la cabeza del Estado”, dijo Zelaya al acusar al Congreso de retrasar intencionalmente su restitución.

El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, deploró la interrupción del proceso y dijo que “las medidas aprobadas en el acuerdo son claras y fueron suscritas por la libre voluntad de las partes. Espero que sin más subterfugios se cumplan para restablecer la democracia, la legitimidad institucional y la convivencia entre los hondureños”, y destacó que “es indispensable que el Congreso Nacional de Honduras emita su pronunciamiento soberano sobre el punto pendiente del Acuerdo de San José relativo a retrotraer la titularidad del Poder Ejecutivo a su estado previo al 28 de junio hasta la conclusión del actual periodo gubernamental, el 27 de enero de 2010”.

El depuesto presidente Zelaya dio un plazo de 24 horas —que se vencía a la medianoche del viernes—, para que el Congreso resuelva su restitución como Presidente para sólo entonces pasar a la etapa de formación del gabinete y gobierno de unidad. Mientras, el Frente de la Resistencia, que exige la vuelta de Zelaya y que se revierta el golpe de Estado, ha anunciado que boicoteará las elecciones y que está preparando nuevas movilizaciones.
Redacción M Semanal/Agencias