Chihuahua, grandeza artística a pesar de la violencia

Las bajas temperaturas y la ola de crímenes que aquejan a la entidad norteña no fueron suficientes para impedir la representación de la ópera Carmen después de un arduo trabajo de equipo.

  • 2009-11-08 | Milenio semanal
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Hace unos días tuve el privilegio de asistir a la representación de la ópera Carmen, de Georges Bizet, en la plaza de toros La Esperanza de la ciudad de Chihuahua, una puesta en escena espectacular que —además de plantar 300 artistas en escena— incluyó la lidia de un toro y se vio adornada por una monumental escenografía creada por el escultor Sebastián. La mera verdad es que me quedé maravillado por el espléndido resultado de un proyecto que, al incorporar tantos elementos, tenía muchas posibilidades de ser un fiasco. Déjeme contarle como estuvo el asunto para que usted pueda aquilatar el esfuerzo realizado por todos los involucrados, incluyendo al público, que tuvo que enfrentar gélidas temperaturas en los tendidos.

En el pasado mes de abril fui invitado a conducir una conferencia de prensa en las oficinas de representación del gobierno de Chihuahua en el Distrito Federal. La reunión con los medios tenía como objetivo dar a conocer detalles de las celebraciones que se estarían llevando a cabo por la asociación civil Tres Siglos… Tres Fiestas, con motivo del tercer centenario de la fundación de la ciudad de Chihuahua. Entre los eventos más espectaculares figuraba la representación de Carmen, contando con la participación de talentos chihuahuenses en las diversas facetas artísticas requeridas para el montaje de la obra: cantantes, orquesta, coros, bailarines y demás.

El director de la producción, Leopoldo Falcón, explicó que la magnitud del proyecto requería la participación de casi mil personas. En la realización del montaje se contaría con las voces del tenor José Luis Ordóñez, la mezzosoprano Encarnación Vázquez, el barítono Luis Ledezma, las sopranos María Alejandres y Marcela Chacón, así como la actuación especial del actor Edgar Vivar, que usted seguramente recuerda por el personaje del Señor Barriga que hacía en el programa televisivo El chavo del ocho.

Desde entonces se sabía que las dos escenificaciones, que se supone suceden en Sevilla en 1820, tendrían que enfrentar las frías temperaturas norteñas de México ya que se presentarían los días 30 de octubre y primero de noviembre. Esta circunstancia podría acarrear problemas para los cantantes y para la orquesta quienes estarían actuando durante la noche —en plena intemperie— por casi cuatro horas en cada función. Por su parte, el público tendría que llegar bien abrigado para evitar que el frío les fuera a congelar el ánimo ya que el graderío de la plaza de toros es de cemento.

También se anticipaba que la inclusión de una lidia taurina representaría un riesgo para la puesta en escena pues si el toro llegara a propinarle una cornada al matador Antonio García, El Chihuahua, que encarnaría al personaje de Escamillo, la trama de Carmen tomaría una ruta que ni el novelista Prosper Mérimée ni Bizet previeron jamás. Así las cosas, finalmente llegó el momento de materializar los esfuerzos. La semana pasada se dieron las dos funciones. En La Esperanza se armó el magno escenario: una compleja estructura de tres niveles sobre la que estaría la orquesta, los cantantes, bailarines, coros y comparsas. Además, sobre una parte del ruedo se colocó una gran tarima que extendía el escenario hacia el público. En la parte superior y a los costados de la estructura concebida por el chihuahuense Sebastián había pantallas televisivas sobre las que se proyectarían imágenes continuas de la obra y letreros de subtitulaje para tener en español los textos que, en francés, estarían expresando los cantantes.

Se veía imponente pero, como era de esperarse, las bajas temperaturas comenzaron a generar problemas. En primer lugar, la orquesta Filarmónica del Estado de Chihuahua, que iba a ocupar uno de los niveles bajos del escenario, tuvo que ser reubicada a una carpa acondicionada en la parte trasera de la estructura pues el frío impedía conservar la afinación de los instrumentos e incluso podría dañar algunos de forma permanente. Como consecuencia de este cambio los cantantes no podrían tener a la vista al director concertador Armando Pesqueira, encargado de conducir la orquesta y dar las indicaciones de entradas y salidas a las voces de los artistas. El problema se solucionó colocando monitores de imagen en circuito cerrado a ambos lados del escenario en los que se veía a Pesqueira dirigiendo y conduciendo. De esta forma, los cantantes recibían las indicaciones a larga distancia.

Durante el último ensayo general, el 29 de octubre, desde el cielo chihuahuense cubierto de nubes comenzó a caer una fina llovizna que casi era nieve. La lidia del toro, programada dramáticamente entre el tercer y cuarto actos de la ópera, tuvo a todos en vilo pues en el ensayo el burel le dio una sacudida al torero lanzándolo al suelo sin mayores consecuencias. Los cantantes y demás participantes tuvieron que resistir temperaturas de dos grados centígrados hasta que todo quedó aprobado por Leopoldo Falcón. Sin embargo, quedaba la inquietud de que alguno de los artistas pudiera verse afectado por problemas respiratorios a causa del frío.

A mí me tocó presenciar la segunda representación del domingo primero de noviembre. Los organizadores, encabezados por Jorge Cruz Russek, Santiago de las Casas y Arturo Chretín, me habían pedido que participara dando las llamadas al público y leyendo los créditos y agradecimientos antes de que comenzara la función. Tengo que decir que llegué a la plaza vistiendo calzones largos, camiseta, camisa, chaleco, saco y abrigo. También me llevé un grueso cojín para interponer algo entre el cemento y las asentaderas. Con agrado descubrí que en la plaza de toros se vendía chocolate caliente y bebidas espirituosas que prometían ser un delicioso anticongelante.

Habiendo cumplido el encargo ocupé mi lugar: primera fila en el tendido de luz de luna. La orquesta comenzó a sonar de forma espectacular. Parecía que se estuviera escuchando una grabación. Cuando los intérpretes comenzaron a cantar el público los fue recibiendo con estruendosas ovaciones. Me pareció sensacional el trabajo realizado por los encargados de microfonía y sonorización. La consola de audio, manejada por el ingeniero Terán, controlaba más de 60 micrófonos en perfecto balance, sin ruidos ni ecos molestos.

Las intervenciones de los Coros del Conservatorio de Música de Chihuahua, de la Camerata ProArte y de la Compañía de Danza Folklórica de la Universidad Autónoma de Chihuahua resultaron espectaculares. La capacidad mostrada para llenar un escenario tan enorme fue testimonio de la imaginación y creatividad combinadas de manera formidable. A mediados del primer acto el público ya se había acostumbrado al frío y se entregó plenamente al desarrollo del drama musical. Cuando llegó el momento de la lidia, El Chihuahua se enfrentó a un toro pleno de bravura y trapío. Los tendidos corearon “oles” y el arte del capote y la muleta se prodigó sin límite. El público pidió el indulto y el astado regresó a los corrales mientras el matador daba vuelta al ruedo llevado en hombros.

La ópera culminó con la muerte de Carmen en el centro del ruedo. Todos los asistentes puestos de pie ovacionamos al ejército de artistas, técnicos y organizadores que fueron capaces de realizar una labor fuera de serie ante circunstancias tan difíciles. Me cuesta trabajo pensar que algo así pueda llevarse a cabo en otra parte con tanto entusiasmo y entrega. Y es que el clima de violencia que tanto ha afectado a los chihuahuenses requiere tener una contraparte equivalente de orgullo, aprecio, calidad y alegría. La puesta en escena de Carmen ha sido justamente eso: una muestra de que en Chihuahua pueden suceder cosas de una magnitud artística equivalente a la grandeza de su territorio y de su espíritu. Noticias como esas tienen que valorarse cabalmente para comprender que allá existe una sociedad que vive con plenitud a pesar de la sombra que el crimen lanza sobre su imagen mediática.

Jaime Almeida/ Fotos: Cortesía de Tres Siglos Tres Fiestas AC.