Cameron Diaz, esa rubia debilidad

Es la actriz mejor pagada del mundo, con 17 mdd por película, lo cual no es obstáculo para que sea también una muchacha igual que todas.

  • 2009-11-08 | Milenio semanal
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Cuando era niña, dice Cameron Diaz (nacida en 1972, hija de un inmigrante cubano y descendiente de alemanes) no pensaba en ser actriz o modelo. Lo que a ella más le gustaba era andar en patineta, subir a los árboles o hacer cosas que nada tenían que ver con el estilo de vida glamoroso que parece representar desde 1994, cuando se colocó como una de las diosas del Hollywood. Su participación al lado de Jim Carrey en la exitosa cinta La máscara le abrió las puertas de una carrera fructífera y diversa que la ha llevado a convertirse en una de las estrellas más famosas del cine, una de las mujeres más fotografiadas del mundo y la actriz mejor pagada de Hollywood, con ganancias de 17 millones de dólares por película, algo que no ha sido fácil, considerando que la industria es dominada por los hombres. “Pero creo que es bueno porque demuestra que las mujeres también podemos hacer lo mismo que los hombres y ganar lo mismo que ellos”, señala esta rubia de piernas kilométricas que inició su carrera como modelo en Japón cuando sólo era una adolescente. “Es increíble, pero me siento muy orgullosa de ello, porque quiere decir que todos los sacrificios que has tenido que hacer en tu carrera valen la pena”.

MC: Además de ganar tan bien, ¿vives sólo para el trabajo?

CD: Bueno, tanto como eso no, pero a veces tengo temporadas de mucho trabajo. Ahora mismo estoy promoviendo La caja, que acabamos de filmar hace un año; ya estamos preparando Shrek 4 y acabo de terminar el rodaje de Wichita. En unos días más voy a empezar a filmar El avispón verde con Tom Cruise. Trabajar en una película te quita todo el tiempo, pero cuando acabas de rodar es genial porque haces nuevos amigos y tienes nuevas experiencias. Yo creo que el tiempo pasa rápido cuando haces algo que te gusta, y a mí me encanta hablar de mi trabajo.

MC: Hablemos de La caja. ¿Por qué decidiste hacer una película de esta temática? No es exactamente de terror, pero sí es escalofriante...

CD: Sí… me encantó hacer esa película. Me gustan las películas que te tienen en suspenso todo el tiempo y te preguntas qué va a pasar ahora. Y me gustan todavía más cuando te plantean dilemas y este es el caso aquí. La película sucede en 1976 y hago el papel de una madre de familia llamada Norma; ella y su esposo (James Marsden) tienen problemas económicos. No son pobres ni nada por el estilo, pero se les juntan muchas cosas y no les alcanza el dinero, algo que pasa con frecuencia en la realidad ¿no? Esto hace que los espectadores se identifiquen con ella. Pero luego viene la parte que asusta, porque llega un extraño, Frank Langella, y les ofrece un millón de dólares si aprietan el botón que hay en una caja misteriosa. Pero, si lo aprietan, ¡alguien en el mundo va a morir! Entonces la película plantea ese dilema, ¿qué vas a hacer? ¿Aprietas el botón aunque mates a alguien o dejas que te coman las deudas? ¡Qué difícil! Por eso me encantó el guión, me pregunté yo qué haría si estuviera en una situación desesperada como Norma.

MC: ¿Y qué harías?

CD: Pues no sé. Pero Norma aprieta el botón y eso es lo importante; contar las consecuencias de sus actos. Porque todas las acciones, aunque sean en películas, tienen consecuencias. Richard Kelly, el director, lo muestra todo muy bien, con mucha velocidad y sí que te pone los pelos de punta, porque no te imaginas lo que puede resultar por algo tan simple como apretar un botón sin pensar en lo que puedes hacerle a alguien más. No podía dejar de pensar en eso y por lo mismo quise hacer la película. ¡Es una historia increíble!

MC: ¿Qué tal es el personaje de Norma?

CD: Lo estupendo de este papel en la película es que al final descubrimos que en ella hay algo más que en otros muchos papeles que he interpretado: el personaje estaba realmente muy bien escrito y fue muy interesante interpretar a alguien que enfrenta esta clase de conflicto, desarrollar el personaje para ver cómo va cambiando conforme avanza la película. En el caso de Norma el guión define muy bien al personaje. Hay que comportarse de modo muy especial, es una madre, una profesora y una mujer enamorada pero también puede ser una mujer muy peligrosa. La aventura de interpretarla fue algo emocionante y me dejó sencillamente agotada. La verdad es que fue una gran experiencia.

MC: ¿Qué sientes que aprendiste personalmente de esta película?

CD: Creo que uno de los mensajes que me dejó hacer una película como La caja es que hay que estar siempre abierto, conocerse a uno mismo para poder comprender al mundo, y que no todo lo que hacemos es sólo blanco o negro. Como estamos de paso por la vida hay que recordarse continuamente que es importante querer a las personas. Es realmente importante. Y también que hay que tomar cada decisión en la vida con responsabilidad. Nunca sabes las consecuencias que tendrá lo que haces sobre alguien más. Eso también importa mucho y espero que los espectadores piensen lo mismo cuando la vean, que se emocionen y se asusten, pero también que reflexionen muy bien acerca de eso.

MC: Eres una de las mujeres más famosas del mundo, ¿sientes algún tipo de responsabilidad respecto a tu imagen para con las jóvenes que te ven como una figura glamorosa y posiblemente como ejemplo?

CD: Sí, pero yo no creo que sea un ejemplo, es decir, no me lo parece. Yo sólo soy una actriz y nada más. Yo creo que nadie es perfecto. Como lo plantea la saga de Shrek, que creo que tiene un mensaje muy importante: todos somos ogros. Fiona es un ogro bellísimo, adorable y tiene unas cualidades maravillosas. Lo importante no está en cómo te veas sino en cómo eres por dentro. Mi aspecto cuando estoy trabajando es importante, pero creo que es más importante cómo soy por dentro, lo que pienso o lo que siento. Siempre les digo esto a otras chicas: sean únicas, no traten de ser como las mujeres que ven en las revistas o en las películas o en la tele; sean ustedes mismas. No hay que olvidar que cada mujer es una obra de arte en sí misma.

MC: Entonces, ¿no es más trascendente la belleza exterior, aún si es lo primero que la gente ve de ti?

CD: Conozco mucha gente que es atractiva exteriormente, sobre todo en Los Ángeles, pero nadie quiere pasar con ellos más de cinco minutos. Para mí no es para nada importante el aspecto físico, sino lo que ofrece cada persona interiormente. Muchas veces me he sorprendido con gente que te cautiva con su sentido del humor, su inteligencia, su bondad... Con esto no quiero decir que ser atractivo sea algo negativo, eso sí lo quiero dejar claro: lo que sucede es que estamos perdiendo nuestra individualidad. Mi idea es que cada uno debe llevar el color de pelo que quiera y la ropa que le gusta usar y, si eres bonita, ¡qué bueno! Y si no lo eres, ¡también qué maravilloso! Nadie debería de ser discriminado por su aspecto ni por sus creencias o sus ideas. Es más, yo creo que cualquier clase de discriminación es terrible y no debería de existir.

MC: ¿Crees que haya una solución para ese problema?

CD: Espero que sí. Nosotros como celebridades o como estrellas de cine tenemos la fortuna de poder hablar sobre estos temas y que mucha gente nos escuche. Entonces yo espero que sí, que tanto nuestro trabajo como nuestra opinión pueda hacer una diferencia, aunque sea pequeña, en cómo ve la gente el mundo. Y si en algo podemos ayudar, pues me parece estupendo. Me encanta ayudar a la gente, creo que es lo menos que puedo hacer para que el mundo en el que vivo sea un poco mejor y que todos seamos más felices, ¿no crees?

Miguel Cane