Cassez: el tufo a venganza
La rifa del tigre
Carlos Puig
He revisado someramente el grueso expediente del caso contra Florence Cassez, quien fue sentenciada a pasar buena parte de su vida en una cárcel mexicana. No soy abogado, pero una cosa sí tengo clara: en cualquier país del mundo desarrollado, con un sistema de justicia penal medianamente decente, donde la presunción de inocencia exista, el trato que se dio a Cassez durante su arresto, y su utilización para efectos mediáticos de parte de las autoridades, sería suficiente para que la señora estuviera libre.
Que las autoridades hayan confesado abiertamente el montaje para efectos televisivos, que implicó la retención ilegal de Cassez durante horas, les hubiera costado, en otro país, la chamba, si no es que a alguno hasta la libertad. Pero no.
Como me dijo ella misma el viernes: “Yo tengo una pregunta: a Pablo Reinah, reportero de Televisa que en ese entonces estuvo presente en el show mediático, lo corrieron por este mismo hecho, ¿y por qué a él lo corren y a Genaro García Luna (en aquel entonces director de la AFI) y a Cárdenas Palomino (jefe de la Unidad antisecuestro) los ascendieron? ¿Por qué?”.
Cassez, sus abogados franceses y el gobierno de Francia han reiniciado una campaña para tratar de obtener la liberación de la ciudadana francesa o, por lo menos, su traslado a Francia para cumplir un tiempo de su sentencia; parte fundamental de la campaña es un libro publicado en Francia hace unos días y que saldrá en español en un par de meses. El caso de la Cassez es casi incomprensible. La revisión del expediente, el libro, las notas de prensa, los reportajes franceses, las conversaciones con sus abogados, deja claro que el de la guapa francesa no es más que otro caso de la justicia mexicana funcionando…como funciona. Las imputaciones contra Florence son, como en tantos casos mexicanos, puras declaraciones, algunas a destiempo, otras que contradicen hechos, otras que enmiendan declaraciones anteriores. Nada nuevo.
Puede ser que la señora sea una secuestradora, pero en el expediente no lo es, no al menos con estándares aplicables, otra vez, en cualquier país desarrollado con un sistema de justicia medianamente eficiente. ¿Por qué exhibir nuestras miserias ante el mundo, si bajo el amparo de un tratado internacional podría el gobierno haber mandado a la señora a Francia y olvidarse del asunto? ¿No podrían los estadunidenses y franceses, por ejemplo, ahora argumentar lo mismo que los mexicanos cuando queramos ayudar a un connacional?
Se lo pregunté a Florence. Ella lo tiene claro. Aquella noche de febrero cuando en el programa Punto de Partida de Denise Maerker hizo quedar en ridículo a Genaro García Luna con una llamada desde el Centro de Arraigos, marcó su destino para siempre: García Luna y el Procurador tendrían que aceptar la barbaridad que han cometido, pero nunca perdonar.
El viernes noté a Cassez hasta ilusionada de que algún día saldrá de la cárcel.
Pobre, pienso: aún no conoce de la justicia mexicana.



