La ex guerrilla salvadoreña, al umbral de la Presidencia
Mauricio Funes, candidato externo de pensamiento moderado, renueva el rostro de la que fuera una de las guerrillas más poderosas de América Latina —el FMLN— y la pone en el juego de la elección presidencial.
En 1992, tras dos años de negociaciones, el gobierno y el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) decidieron poner fin a la guerra y firmaron los acuerdos de paz en la Ciudad de México. El gobierno y el FMLN reconocieron que la guerra podía prolongarse de manera indefinida, como ha sucedido en Colombia. Vieron, con realismo, que resultaba imposible para cualquiera de las fuerzas imponerse sobre la otra. Ninguna tenía la capacidad de aniquilar a su enemigo. Había que poner fin a la lucha que ya había costado casi 100 mil muertos.
Los acuerdos de paz permitieron la llegada de la democracia. Con esa garantía, que fue parte de las negociaciones, el FMLN decidió convertirse en un partido político para disputar el poder en el marco de las leyes y por la vía del voto. Año con año ha ido ganando posiciones, aunque nunca la Presidencia de la República: la Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), el partido de la derecha fundado por el mayor de inteligencia Roberto D’Abuisson —creador de los escuadrones de la muerte en los años setenta—, la ostenta desde 1989, el emblemático año de la caída del Muro de Berlín y el de la mayor ofensiva rebelde en El Salvador.
El FMLN y ARENA no son hoy lo que fueron en la década de los ochenta; las dos fuerzas se han corrido hacia el centro del espectro político, convertidas en poderosas maquinarias electorales.
Las encuestas y la elección de enero
Las últimas encuestas que se publicaron daban una ventaja de entre seis y ocho puntos al candidato del FMLN, el periodista Mauricio Funes, sobre su rival y ex director de la policía, Rodrigo Ávila, de ARENA. Aquellas que establecían un empate técnico —menos de cuatro puntos de ventaja— también ponían a la cabeza al candidato del FMLN.
A dos meses de los comicios presidenciales, el 18 de enero tuvo lugar la elección de diputados y alcaldes, último termómetro de las urnas. El FMLN se convirtió en primera fuerza con 35 curules de los 84 escaños que tiene el Congreso salvadoreño, y ARENA en segunda fuerza con 32 curules. Los tres partidos minoritarios ganaron 17 diputaciones y son ahora el fiel de la balanza: 11 asientos logró el Partido Conciliación Nacional (PCN, derecha histórica); cinco el Demócrata Cristiano (PDC, derecha moderada); uno el Centro Democrático (PCD, socialdemócrata) y el nuevo Frente Democrático Revolucionario (FDR, disidentes de izquierda) perdió el registro por no cumplir el porcentaje de ley.
La izquierda avanzó también en el terreno municipal: de las 262 alcaldías que tiene El Salvador, el FMLN sumó 39 a las municipalidades que gobierna y ganó en total 96; entre ellas cinco de las 14 capitales de las provincias. ARENA, a pesar de perder buena parte de las alcaldías en su poder, sigue gobernando en 121 municipios. Pero su gran triunfo, el que lo devolvió a la campaña presidencial, fue haber ganado la capital del país, la alcaldía de San Salvador, una plaza que el FMLN había gobernado en los últimos 12 años.
La campaña
El FMLN contó con el apoyo del despacho brasileño de Joao Santana, que asesoró la última campaña de Lula, y Arena con la consultora española que hizo la de Calderón en México y la de Rajoy en España. A lo largo de los últimos meses los dos equipos mantuvieron su estrategia con disciplina metódica. El FMLN evitó, a toda costa, la campaña negativa. Su asesor consideró que la izquierda y su candidato perdían mucho si optaban por ese camino. En cambio, ARENA se articuló en una línea claramente negativa. Buscó todo el tiempo provocar el miedo ante la posibilidad de que la izquierda llegara al poder para “acabar con la democracia”. Se centró en atacar al FMLN y no a Funes, su candidato, que no participó en la guerra ni es militante del partido.
Las encuestas revelan que Funes gozó de mayor simpatía que la fuerza que lo postuló. Los mismos electores que votaron por los diputados y alcaldes del FMLN sentían renuencia a darle la Presidencia al partido de la izquierda. Los sondeos indicaron que no tenían duda en votar por Funes, pero se preguntaban si el FMLN, una vez en el poder, no sería igual que el partido de Ortega en Nicaragua o el de Chávez en Venezuela. El equipo de campaña de ARENA golpeó ese flanco del candidato del FMLN y en la recta final permanece la duda.
El candidato del FMLN, días antes del cierre de campaña y a una semana del día electoral, realizó dos acciones clave para despejar toda duda y sumar fuerzas. Presentó al que sería el núcleo de su gabinete de gobierno, donde los miembros del FMLN son la minoría, y dio a conocer la integración de la Unidad Nacional para el Cambio, donde aparecen junto al candidato del FMLN los partidos PCD (centro, socialdemócrata), alcaldes y líderes del PDC (democristiano), el PSD (socialcristiano) y el disidente FDR. El candidato presidencial del derechista PCN dio la nota dura al sumarse a las filas de la izquierda, contra la voluntad de su dirigencia.
Con estas acciones Funes se propuso trasmitir al electorado la seguridad de que él no será igual a los gobiernos autoritarios y populistas de Ortega en Nicaragua o Chávez en Venezuela, gobiernos que de hecho jugaron en contra del FMLN. La propuesta de la nueva agrupación fue el “cambio sin miedo”: la plataforma del FMLN y Funes es claramente socialdemócrata y cercana al PT brasileño y a los socialistas chilenos, muy lejos de la que sostienen los gobiernos populistas, que no de izquierda, de Ortega y Chávez.
Los responsables de construir la plataforma, políticos y académicos independientes, sabían de las inquietudes del electorado, pero también de la necesidad de ofrecer un proyecto alternativo acorde a la realidad del país y trabajaron en esa dirección.
El cambio
Más de un analista piensa que el triunfo del candidato de ARENA a la alcaldía de San Salvador se basó en que supo presentarse como la posibilidad del cambio; el FMLN tenía 12 años de gobernar la capital. Hoy las encuestas registran que los electores identifican a Funes como el candidato del cambio para el Ejecutivo, y esa idea está muy presente entre los salvadoreños. Funes ha sido muy consciente de esto y explotó esa ilusión en su campaña, distinguiéndose claramente de Ávila, cuyo partido gobierna El Salvador desde de 1989, tres años antes de que terminara la guerra. Luego de 20 años de ARENA en el poder con cuatro presidentes de ese partido —Cristiani, Calderón Sol, Flores y el actual, Saca—, el candidato arenero jugó contra esa herencia.
Rubén Aguilar Valenzuela*
*A finales de 1979 se incorporó a las Fuerzas Populares de Liberación (FPL) Farabundo Martí, una de las cinco organizaciones que integraron el FMLN. Al inicio de 1980 empezó a trabajar en el Proyecto Águila, que sería la futura agencia de prensa de la revolución salvadoreña: Salpress. En noviembre de 1980 se instaló en San Salvador para iniciar el trabajo de la agencia, mes y medio antes de la ofensiva general de enero de 1981. Regresó a México en noviembre de 1984, sin perder la relación con el FMLN y el contacto con el Salvador.



