México, EU y la polémica de la legalización: Estrategias distantes

¿Salud pública o seguridad pública? Ante los dudosos resultados de la guerra contra el narco, se impone la necesidad de buscar alternativas.

  • 2009-03-22 | Milenio semanal
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Foto: Héctor Téllez

El tono de la discusión entre el gobierno de México y los funcionarios de la administración de Estados Unidos en torno al narcotráfico se vuelve día a día más ríspido. Los dos interlocutores dicen tener la razón: Estados Unidos asume que el consumo y venta de drogas es un problema social que corresponde al ámbito de la salud pública y que por lo mismo su solución depende, en lo fundamental, de las instituciones de ese sector. El gobierno de México lo considera un problema de seguridad nacional y cree que son sus aparatos los que deben hacerle frente.

Las drogas y la administración Obama

Lo que México considera incomprensión o juicios injustos del gobierno de Estados Unidos se acentuará en la administración del presidente Obama, quien acaba de nombrar a Gil Kerlikowske como cabeza de la Oficina de la Política Nacional de Control de Drogas que, en un dato a considerar, ya no tendrá el rango de Secretaría de Estado.

El nuevo Zar antidrogas, que requiere todavía la aprobación del Senado, se desempeñaba como jefe de la Policía en Seattle. En su gestión sostuvo que el problema de las drogas había que enfrentarlo, por encima del uso de la fuerza, a través de la prevención y el fortalecimiento del tejido social. Esa postura lo llevó a tener una actitud de tolerancia frente a la posesión y el consumo. Obama, sin duda, consideró este antecedente para su nombramiento: cuando el vicepresidente Joe Biden presentó a Kerlikowske, definió la política de la nueva administración frente a las drogas. En esa ocasión dijo que era necesario reducir su demanda y que para eso había que trabajar en programas de prevención y tratamiento de las adicciones, y que la “prioridad debía ser el enfoque integral” sobre la represión. Reconoció que “se trata de un problema increíblemente complejo” que requería de la aplicación de la ley y la cooperación de fiscales, jueces y policías.

Kerlikowske ha vivido en carne propia lo que significan las adicciones. Un hijo de su actual compañera ha sido encarcelado por problemas con las drogas. Los grupos que en Estados Unidos se manifiestan contra la criminalización de los consumidores piensan que con la llegada del nuevo responsable de la lucha contra las drogas se va a privilegiar el enfoque de la salud, implicando mayor tolerancia y un trabajo enfocado en la prevención.

La Drug Policy Alliance, el grupo más fuerte en apoyo a la legalización de las drogas en Estados Unidos, en el que participan, entre otros, policías y jueces, se muestra optimista de que en la administración de Obama no sólo se despenalice el consumo sino se alcance su legalización. Ellos han dicho que el nombramiento de Kerlikowske ha de ser visto como un paso en esa dirección. No estaría de más que las autoridades mexicanas contaran con un análisis preciso de este nombramiento, y de las implicaciones que, sin duda, va a tener en el diseño y ejecución de la política de la nueva administración en relación tanto al consumo de drogas como al de la lucha que se dispone a desarrollar al interior de Estados Unidos.

Operativo policiaco en Ciudad Juárez.
Operativo policiaco en Ciudad Juárez. Foto: Héctor Téllez

Dudas sobre la “vieja” estrategia

Cada vez más voces reconocen el grave problema del narcotráfico, pero cuestionan, con base en los resultados, la estrategia de enfrentamiento “militar y policíaco”. La Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia dio a conocer, el pasado febrero, un estudio que propone un cambio de estrategia en el combate al narcotráfico, para pasar del enfoque “ineficaz” de “guerra” a uno de salud pública.

La Comisión, integrada entre otros por los ex presidentes Zedillo (México), Cardoso (Brasil) y Gaviria (Colombia), plantea que “frente a una situación que se deteriora cada día con altísimos costos humanos y sociales, es imperativo rectificar las estrategias de la guerra contra las drogas aplicadas en la región durante los últimos 30 años”. Sostiene que ésta ha fracasado tanto en la erradicación de los plantíos como en la disminución del consumo. La propuesta de la Comisión es que frente al problema de las drogas se debe establecer una política que contemple: considerar a los adictos como pacientes del sistema sanitario público; evaluar la despenalización de la marihuana para uso personal y reducir el consumo mediante campañas dirigidas a la juventud. Es ésta, por cierto, la política interna que el nuevo gobierno de Estados Unidos se ha propuesto implementar.

Los resultados de ese estudio y las recomendaciones de la Comisión son un claro ejemplo de cuáles son hoy las tendencias internacionales sobre cómo enfrentar la lucha contra el narcotráfico. En esa misma dirección camina el sistema de Naciones Unidas y es la política que han asumido e implementan, con éxito, la totalidad de los países desarrollados.

Albergue de rehabilitación para adictos.
Albergue de rehabilitación para adictos. Foto: cuartoscuro.com

La estrategia de México

En su lucha contra el narcotráfico el gobierno de México ha privilegiado el enfoque “militar y policíaco” sobre el de la salud pública. Camina en sentido opuesto a sus vecinos, pero también a los países de la Unión Europea (UE). Nadie puede negar la gravedad del problema y los preo-cupantes niveles de violencia asociados hoy con el accionar del crimen organizado en el país: eso no está en duda y por lo mismo no es tema de discusión. Sí lo es, en cambio, el camino que se debe seguir para hacerle frente. La actual estrategia del gobierno favorece y propicia que otros estados, en particular Estados Unidos, intervengan.

El gobierno de México debe tener claro que el de Estados Unidos nunca va a implementar en su territorio el enfoque “militar y policiaco” por los altos costos que tiene, pero sobre todo porque asume que no es la manera de enfrentar el problema social del consumo y venta de drogas. Están dispuestos, eso sí —les conviene como parte de su política interna—, a apoyar, más con discursos que con hechos, la actual estrategia mexicana. Es la manera de “exportar” su conflicto interno.

A lo largo de los últimos 20 años el gobierno de Estados Unidos ha seguido un mismo patrón con los presidentes mexicanos en relación a la lucha contra el narcotráfico: alaba al presidente en turno pero critica los resultados de su gestión y descalifica u olvida lo que dijo del presidente anterior. Con esto se pretende ganar mayores espacios en el país para la acción de las agencias de seguridad de Estados Unidos: no todos los presidentes sucumben a la presión, pero ésta siempre está presente.

Foto: Héctor Téllez

Una propuesta

El gobierno de Estados Unidos no va a cambiar su estrategia. Seguirá privilegiando el enfoque de salud pública y hay elementos para pensar que en los próximos años tendrá una actitud más tolerante frente al consumo. Ya en 12 estados está permitido el uso de la marihuana para fines terapéuticos. No existen datos para pensar que en el futuro se reducirán los niveles de consumo sino lo contrario, aunque es evidente que se modificará el tipo de drogas por consumir.

Nuestras autoridades deben asumir, por lo mismo, que nunca tendrán el apoyo real que necesitan para llevar a cabo su estrategia en la lucha contra el narcotráfico. El gobierno de México, en razón de sus propios intereses, de las tendencias internacionales y de la política de su vecino, debe considerar seriamente cambiar su estrategia y pasar del enfoque “militar y policiaco” al de salud pública, rompiendo el círculo perverso que sobre este tema —entre otros muchos— mantiene con Estados Unidos. Hay que superar la etapa de las recriminaciones y culpabilidades mutuas. La nueva era de colaboración pasa porque Estados Unidos y México adopten una misma estrategia —la de la salud pública— para enfrentar con éxito el problema social que representa el consumo y la venta de las drogas, como ha ocurrido con la prostitución, el tabaco y el alcohol. La llegada de Obama y de los demócratas es un buen momento.

En México urge separar el aspecto social de la venta y el consumo de la droga de sus efectos colaterales perversos, como la violencia y la corrupción. Eso lo han logrado Estados Unidos y otros países desarrollados. Hay que llamar a las cosas por su nombre: si el actual gobierno de México no abre la discusión sobre el consumo y venta de las drogas y sobre la estrategia a seguir en la lucha contra el narcotráfico, corre un alto riesgo de fracasar. Las experiencias y estudios a nivel internacional señalan que solo, el enfoque “militar y policíaco” está destinado a la derrota y juega en favor del crimen organizado. Establecen también que la única posibilidad de éxito es que el Estado asuma el enfoque estratégico desde la salud pública. No por otra cosa todos los países desarrollados, a su vez grandes consumidores de drogas, han adoptado esta estrategia.

Rubén Aguilar Valenzuela