Benedicto XVI: dogmatismo e incomprensión

El alejamiento entre Benedicto XVI y los creyentes se prevé cada vez mayor, ya que éstos sólo reciben del Papa normas morales y no ideas para comprender la compleja vida actual.

  • 2009-05-24 | Milenio semanal
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Foto: Stan Honda / Reuters

El alemán Joseph Alois Ratzinger ha sido a lo largo de su vida un sólido profesor y académico. De joven fue un teólogo progresista y asesor de la Conferencia Episcopal Alemana cuando el Papa Juan XXIII lo llamó para que actuara como experto en el Concilio Vaticano II.

Compartió la tarea junto a teólogos que antes habían sido condenados por Pío XII: los alemanes Karl Rahner, jesuita, y Bernhard Häring, redentorista; el francés Yves Marie Congar y el holandés Edward Schillebeeckx, dominicos. En ese grupo estaba también el teólogo suizo Hans Küng, del clero secular, que al terminar el concilio invitó a Ratzinger a incorporarse a la Universidad de Tübinga.

Contra el Vaticano II

Ratzinger se vuelve conservador cinco años después de finalizar el concilio. Estudiosos de su figura —entre ellos el español Juan José Tamayo— sostienen que en ese cambio influyeron su concepción pesimista del ser humano inspirada en san Agustín, su teólogo preferido; la incomprensión del movimiento estudiantil de 1968 y el miedo a asumir las consecuencias de las trasformaciones del Vaticano II. A partir de entonces combatió las tesis del Concilio y acusó a sus compañeros expertos de ser los responsables de los abusos postconciliares que, según él, se cometían en la Iglesia. Allí empezó a trabajar de manera sistemática en un pensamiento que permitiera deshacerse de los avances del Vaticano II.

Ratzinger inicia, entonces, una ascendente carrera que lo lleva primero al obispado de Münich, después al cardenalato y luego a la presidencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El proyecto teológico de restauración que elabora es el que adopta Juan Pablo II, un pastor alejado de la gran reflexión teológica que guiaría sus más de 20 años de pontificado.

El inquisidor

A partir de noviembre de 1981, cuando Ratzinger asume la presidencia de la Congregación para la Doctrina de la Fe, traza un plan preciso para deshacerse del pensamiento progresista. Se aceleran los procesos de condena iniciados por Juan Pablo II, pasando por éstos Schillebeeckx, su compañero en el Concilio; los estadunidenses Robert Haight y Charles Curran y los jesuitas españoles José María Castillo y José Antonio Estrada. Ya como Papa ha condenado al jesuita español Juan Masiá y al español-salvadoreño Jon Sobrino.

Mención especial merecen los teólogos de la liberación, quienes se proponen que el Evangelio devuelva la esperanza a los millones de creyentes que viven en condiciones de injusticia y opresión. Un caso paradigmático es el de Leonardo Boff, franciscano brasileño, que después dejó el sacerdocio y a quien el joven Ratzinger pagó la publicación de su tesis doctoral. Así, por el juicio y luego la condena de Ratzinger pasa lo mejor del pensamiento teológico lati-

noamericano y mundial. A los condenados, con los métodos arbitrarios de la Congregación, no se les excomulga, pero sí se les impide enseñar en los seminarios católicos y se descalifica su obra a la que se acusa de no estar de acuerdo con la “doctrina de la Iglesia”.

Ascenso al papado

La homilía al inicio del Cónclave para elegir al nuevo Papa estuvo a cargo de Ratzinger. En ella planteó tres grandes líneas programáticas que luego guiarían su pontificado: a) Muchos cristianos se han dejado llevar por corrientes ideológicas que van del marxismo al liberalismo, del colectivismo al individualismo y del ateísmo a un vago misticismo; b) En el mundo se impone la “dictadura del relativismo que no reconoce nada que sea definitivo y que deja como última medida sólo al propio yo y a sus deseos”; c) Lo único que permanece en la eternidad es el alma humana, cuyo fruto es lo sembrado en ella.

La mayoría de los vaticanólogos coinciden en que si bien Ratzinger llegaba con mucha fuerza al Cónclave, producto de su cercanía con Juan Pablo II, su homilía resultó fundamental para que los cardenales con derecho a voto optaran por que asumiera el papado. Él los convenció de que tenía el proyecto que la Iglesia debía impulsar para “salvar” al mundo, mundo que se hundía en el relativismo y el pecado.

Los cardenales, la gran mayoría más pastores que teólogos, vieron en Ratzinger a quien podía seguir la obra de Juan Pablo II para consolidar la propuesta tradicional, y el 19 de abril del 2005, a los 78 años, el alemán fue elegido sucesor de san Pedro con el nombre de Benedicto XVI, el único de los 114 cardenales electores que había sido nombrado por Paulo VI, siendo todos los demás obra de Juan Pablo II.

La gestión papal

En estos cuatro años la Iglesia bajo su mando ha seguido el proyecto planteado en la homilía del Cónclave. Su dogmatismo le ha provocado conflictos al interior, pero sobre todo fuera de la Iglesia: en sus decisiones pareciera ignorar la compleja condición mundial y a veces la realidad lo ha obligado a dar marcha atrás. Esto se origina en que Benedicto XVI habla como especialista de todos los temas y quiere hacer valer su posición para todo el mundo de manera inflexible. Su visión absolutista no acepta que sólo puede hablar para los suyos y en los temas propios de la fe; piensa que puede fijar sus posiciones sin contar con la reacción de los especialistas y de la opinión pública internacional.

Hasta ahora las decisiones más cuestionadas del Papa han sido la reintegración del grupo lefevrista, defensores de la Iglesia previa al Vaticano II, a quienes no les exigió retractarse de sus posiciones y entre quienes estaba el obispo Williamson, negacionista del Holocausto que luego fue vuelto a suspender por presiones públicas; el atentado contra el ecumenismo al asegurar que la única Iglesia verdadera es la Católica, con el consabido malestar de los cristianos ortodoxos y de las iglesias protestantes; la ofensa a los musulmanes cuando vinculó al profeta Mahoma y al Dios del Islam con la irracionalidad y la violencia y su condena al uso de los preservativos en la lucha contra el sida en África, haciéndose cómplice de la pandemia en opinión de los expertos.

Foto: Tony Gentile / Reuters

Tensiones en la curia romana

El conocido vaticanólogo de La Repúbblica, Marco Politi, plantea que “la curia está en desbandada, el Papa sigue encerrado en su palacio”. Desde el inicio de su papado Benedicto XVI se ha enfrentado a la resistencia de los funcionarios curiales que bloquean desde hace años el funcionamiento de la Santa Sede en medio de mediocres disputas internas por el poder. Las reacciones en contra de la estructura burocrática vaticana se han hecho públicas y es por eso que el cardenal Tarciso Bertone, secretario de Estado, ha tenido que salir en su defensa y afirmar que “el Papa no está solo. Todos sus colaboradores más cercanos le son lealmente fieles y están profundamente unidos a él”.

La constante fuga de información que sale de la Curia es una reacción, dicen los vaticanólogos, por el malestar que provocan decisiones y declaraciones papales que afectan el trabajo que realizan los titulares de las congregaciones. A los curiales romanos, defensores a ultranza del poder de la institución, molesta que el Papa se retracte y dé marcha atrás a decisiones ya tomadas que surgen de sus propios errores. A estos problemas se añade que el Papa no resulta un personaje carismático como su antecesor. Su relación con la prensa italiana e internacional no es buena. El analista estadunidense John Allen asegura que “la filosófica, noble y profesoral forma de escribir del Papa piensa más en los siglos que en el día siguiente. El problema es que ser muy académico en este mundo tan mediático tiene sus peligros”.

El futuro

El Papa Benedicto XVI parece no aceptar que para la gran mayoría de los creyentes son irrelevantes las posturas papales: están fuera de su realidad de todos los días. La concepción de la familia, del matrimonio, de la sexualidad, pero también de la felicidad y del sentido de la vida que la Iglesia oficial propone es distinta a lo que piensa y vive la mayoría de los católicos.

Los fieles de la Iglesia que encabeza Benedicto XVI no reciben ideas para comprender mejor la compleja realidad que les ha tocado vivir y tampoco para iluminar el sentido de sus vidas. Obtienen sólo normas morales fincadas en la ortodoxia. Benedicto XVI ahora tiene 82 años. Por su edad es un Papa de transición, pero si mantiene su posición en los años que le quedan a la cabeza de la Iglesia —y no hay nada que haga pensar que pueda cambiar—, se profundizará la distancia entre los creyentes y el Papa, quien seguirá perdiendo espacio y autoridad. En Jesús de Nazaret (La Esfera, Madrid, 2007) el Papa escribe que “cualquiera es libre de contradecirme”. Ya se hace y cada vez lo será más.

Rubén Aguilar Valenzuela


Papa concluye visita a Medio Oriente

El Papa Benedicto XVI culminó su visita a Medio Oriente con un discurso de despedida pronunciado en el aeropuerto Ben Gurion de Israel. Allí el pontífice expresó su horror por el Holocausto y repitió sus llamados por un Estado palestino soberano.

Benedicto XVI habló de la brutal exterminación de los judíos europeos a manos del régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Dijo que lo sucedido no debe olvidarse ni negarse.

Durante su visita, el Papa fue criticado por algunos israelíes por no seguir la línea de Juan Pablo II, quien se disculpó por el papel de la Iglesia Católica en la histórica persecución de los judíos.

Viernes de retiro

El corresponsal de la BBC en Jerusalén David Willey informó que tras haber lidiado con los conflictivos temas políticos del Medio Oriente, Benedicto XVI dedicó su último día en la región sólo a compromisos religiosos.

El Papa rezó en la Iglesia del Santo Sepulcro, lugar al que han acudido por 17 siglos peregrinos cristianos de todo el mundo a recordar la crucifixión, muerte y resurrección de Cristo.

“Pero incluso allí sus palabras tuvieron un trasfondo político”, señaló Willey.

“La muerte de Jesús y su resurrección es un mensaje de esperanza, dijo el pontífice, en particular para la gente de Medio Oriente, que muestra que la historia no tiene por qué repetirse, que las memorias pueden ser sanadas y que la recriminación y la hostilidad pueden ser superadas”, concluyó el corresponsal.

La visita

El Papa Benedicto XVI inició el ocho de mayo una gira de una semana por Jordania, Israel y los territorios palestinos que fue descrita por el pontífice como una peregrinación.

En Jordania condenó lo que llamó “la manipulación ideológica” de la religión.

En un discurso dirigido a los líderes musulmanes locales reunidos en la mezquita Rey Hussein, en Amán, la más grande de Jordania, el Papa sugirió que esta manipulación —provocada a veces con fines políticos— contribuye a generar división, tensión y violencia.

A su llegada a Israel, y tras ser recibido por el presidente, Shimon Peres, y el primer ministro, Benjamin Netanyahu, Benedicto XVI dijo que el antisemitismo es totalmente inaceptable y deber ser combatido donde sea que se encuentre.

A su llegada a Belén, Benedicto XVI fue recibido por el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmoud Abbas. Allí apoyó la creación de un Estado palestino y calificó de “trágica” la barrera que separa Israel y Cisjordania. Además, habló a cristianos y a musulmanes y
llamó a la reconciliación de ambas comunidades en la misa que ofreció en la ciudad de Nazaret.

Redacción / BBC Mundo

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