El señor y la señora Kirchner

Las elecciones en Argentina son una prueba de fuego para Cristina Fernández de Kirchner y su gobierno, del cual disienten diversos sectores políticos que ya se preparan para la elección del 2011.

  • 2009-06-28 | Milenio semanal
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Foto: Cézaro de Luca / EFE

Este domingo 28 de junio Argentina vota. Se trata de una elección nacional para renovar la mitad de los integrantes de la Cámara de Diputados y un tercio del número de Senadores, que se produce a medio mandato de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Una elección que ha sido tomada como un virtual plebiscito al gobierno por un electorado que ha visto desarrollarse una campaña de gran violencia verbal, acorde con el clima tenso y crispado que prevalece en el país sudamericano desde que la esposa del ex presidente Néstor Kirchner asumiera la presidencia dos años atrás. El choque frontal entre la administración Kirchner y los productores rurales propietarios de las grandes extensiones agroganaderas del país es el telón de fondo sobre el que ha girado la campaña. Las candidaturas, tanto del oficialismo como de la oposición, para las elecciones presidenciales de 2011, comienzan también a dirimirse hoy y dependerán de los resultados en un par de distritos clave.

Gran parte de la crispación que ha caracterizado la vida política argentina durante los últimos dos años tal vez se deba al estilo frontal de Cristina Fernández, una mujer forjada en la lucha parlamentaria pero sin experiencia ejecutiva y que llegó a la presidencia no sólo por ser la esposa del anterior mandatario, sino después de una dilatada carrera política como senadora en la que se enfrentó a las políticas neoliberales que impuso en el país el peronista Carlos Menem entre 1989 y 1999. Peronista también ella, pero más identificada con el ala izquierda del movimiento fundado en 1945 por Juan Domingo Perón, Fernández quiso desde un primer momento profundizar la política redistributiva que había comenzado a poner en práctica su marido en el cuatrienio anterior, y no tuvo mejor idea que enfrentarse a los dueños de los campos, sector que aporta la mayor parte del Producto Interno Bruto de la economía del país.

Tocar el campo argentino puede considerarse un pecado de lesa política. La élite agroganadera ha sido desde la independencia de España, en 1810, el sector con mayor poder político y económico, y cada vez que sus intereses se han visto amenazados no ha dudado en utilizar todos sus medios para voltear al gobierno involucrado. A lo largo del siglo XX los sectores más concentrados del agro apoyaron a cada una de las dictaduras militares que gobernaron al país, y fueron el principal puntal de la más sangrienta de todas, la que encabezó el general Jorge Rafael Videla luego del golpe de estado de 1976. Pero los tiempos han cambiado y a pesar de que el campo conserva un gran poder de fuego mediático y social ya no puede imponer tan fácilmente sus tesis golpistas. Pero lo intenta.

Marcha en protesta contra el gobierno argentino.
Marcha en protesta contra el gobierno argentino. Foto: Juan Mabromata/ AFP

Durante la campaña electoral que concluyó el pasado viernes, el gobierno de Cristina Fernández se enfrentó a diversos sectores políticos que, aunque no concurren juntos a las urnas por sus diferencias internas, tienen un mismo objetivo en común de cara a las presidenciales de 2011: desbancar al matrimonio Kirchner del poder. En la crucial provincia de Buenos Aires, que concentra 37.1 por ciento del padrón electoral, el marido de la presidenta encabeza la lista de candidatos a diputados por el oficialismo frente a una coalición de ex peronistas vinculados a los intereses agropecuarios, como el anterior gobernador provincial Felipe Sola. Según las encuestas, la lucha entre estas dos vertientes del peronismo centrará los resultados de hoy, ya que la histórica Unión Cívica Radical del ex presidente Raúl Alfonsín, recientemente fallecido, ocupa el tercer lugar según las encuestas previas en las preferencias del electorado bonaerense.

El otro distrito importante es la propia ciudad de Buenos Aires. Allí, las huestes del actual alcalde de centroderecha Mauricio Macri se impondrán por un elevado margen al oficialismo que, según los sondeos, a duras penas consigue disputar el tercer lugar. Macri es uno de los hombres con aspiraciones a la presidencia y aunque no concurre personalmente como candidato sabe que sus posibilidades de llegar bien parado a 2011 no sólo dependen de los buenos resultados que consiga su partido hoy, sino de cómo terminen sus eventuales rivales dentro del arco centroderechista en los otros distritos. Para dejar claro cuáles son los principios que lo separan de los Kirchner, Macri se ha pronunciado en contra de la estatización de la línea aérea de bandera nacional, Aerolíneas Argentinas, y ha criticado con dureza la nacionalización del sistema de jubilación privado que llevó a cabo Cristina Fernández durante su primer bienio al frente de la presidencia.

Actores parodiando al matrimonio Kirchner, en el programa <i>El gran cuñado</i>.
Actores parodiando al matrimonio Kirchner, en el programa El gran cuñado. Foto: EFE

Otro distrito clave, con fuerte presencia de los candidatos agrarios, es la provincia de Santa Fe. Allí el ex piloto de Fórmula uno, Carlos Reutemann, que fue también su gobernador peronista, encabeza la candidatura vinculada a los intereses del campo. Según los sondeos, Reutemann mantiene una reñida lucha contra el socialismo que gobierna la provincia, una fuerza de centroizquierda arraigada sólo en ese distrito. Su oportunidad de seguir en la carrera presidencial dependerá en gran medida de sus resultados la noche del domingo electoral. El vicepresidente Julio Cobos, un hombre que proviene de la Unión Cívica Radical y que rompió su alianza con Fernández el pasado año, durante el transcurso del enfrentamiento que el gobierno mantuvo con los propietarios de campo a propósito del impuesto a la exportación de cereales, se juega sus propias fichas en Mendoza, otro de los distritos importantes para la carrera presidencial.

El gran cuñado y la batalla de los medios

La campaña electoral fue áspera. Los candidatos del oficialismo tuvieron que hacer frente a un activo boicot en la zona agroganadera, promovido por las organizaciones agrarias y claramente consentido por los partidos de la oposición. En más de una ocasión, militantes opositores arrojaron huevos e irrumpieron a gritos en actos públicos siguiendo una línea de acción que comenzó durante el paro agrario del pasado año, cuando se mantuvo al país paralizado durante más de tres meses. Los grandes medios de comunicación, el Grupo Clarín —que concentra en sus manos el diario de mayor tiraje, una de las radios más oídas y el canal de televisión con mayor audiencia— y el histórico diario La Nación, no han dudado en enfrentarse abiertamente al gobierno coadyuvando a exasperar el clima político, preocupados por el proyecto de ley de servicios audiovisuales que la Casa Rosada pretende tratar en el parlamento con el objetivo de democratizar la comunicación impidiendo los monopolios mediáticos, lo que los obligaría a desprenderse de algunas de sus empresas.

Desde el gobierno, el estilo populista de Cristina Fernández no ayuda a tranquilizar a la población. La reacción de disgusto de la presidenta a la popular parodia que se le hace en el programa El gran cuñado (parodia de El gran hermano), conducido por el archiconocido Marcelo Tinelli, fue aprovechada por los medios para reafirmar la imagen de una dirigente autoritaria que no soporta críticas. La agresión durante La Feria del Libro que se llevó a cabo en abril en Buenos Aires al local del Grupo Clarín por parte de militantes kirchneristas tampoco contribuyó a apaciguar los ánimos. Desde el gobierno se defienden argumentando que los autoritarios son los sectores políticos vinculados al campo, y recuerdan su relación privilegiada con la última dictadura militar y el modo en que incitan a sus simpatizantes a atacar a los candidatos oficialistas en campaña.

Foto: Enrique Marcarian / Reuters

El día después

Más allá de las polémicas y la áspera campaña electoral, lo que parece estar claro en medio del confuso panorama político argentino es que el gobierno de Cristina Kirchner saldrá debilitado de estas elecciones, sin la misma cantidad de senadores y diputados que tuvo durante sus primeros dos años. La división del peronismo en torno al tema agrario y a los errores políticos y ejecutivos —la deficiencia en el manejo de las crisis sanitarias del dengue y el virus A/H1N1, por ejemplo— debidos a su inexperiencia, terminarán pasando la factura a la presidenta. Ante una situación semejante, gobierno y oposición compiten por imponer su lectura de los resultados, ya que el oficialismo sabe que ganará en cantidad de votos a pesar de perder peso en las cámaras legislativas, mientras que la oposición presentará este debilitamiento como un triunfo aunque electoralmente no pueda superar al gobierno en todo el territorio nacional.

Tanto para unos como para otros, la mayor preocupación es qué sucederá después. En el caso de la oposición, lo más seguro es que se enzarce en una lucha áspera en búsqueda de un candidato único que vaya contra el matrimonio Kirchner en 2011. Tal y como están las cosas, será difícil encontrar esa figura y lo más probable es que termine concurriendo dividida con la esperanza de lograr una segunda vuelta electoral, mientras que el gobierno de Fernández probablemente se encuentre en graves dificultades si pierde la mayoría en una de las cámaras, algo que puede suceder, sobre todo en el Senado. Un escenario complicado para una presidenta que hizo de la confrontación un modo de gobernar durante su primer año y que estuvo a punto de renunciar cuando la huelga agraria le terminó torciendo el brazo después de tres largos meses de conflicto en 2008.

Oscar Guisoni / Especial para MILENIO Semanal