El Canal de Panamá: La vía marítima que cambio la historia del mundo

Fue inaugurado el 15 de agosto de 1914 y, además de acortar la distancia y el tiempo de la comunicación marítima, generó un nuevo orden económico y comercial durante casi todo el siglo XX.

  • 2009-06-28 | Milenio semanal
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Fotos: Sandra Perdomo / Archivo

Desde el aire, al llegar a la Ciudad de Panamá, se observan pequeños botes como barcos de papel: frágiles, indefensos y sin maniobra. Pero en tierra son naves de grandes dimensiones, como islas flotantes que formadas una tras otra esperan su turno para atravesar el Canal de Panamá, una de las obras de ingeniería con mayor trascendencia en el mundo.

Al caer la noche, estas enormes naves ofrecen otro espectáculo. Su iluminación se extiende a lo largo de varios kilómetros en el mar, mientras aguardan para cruzar del Pacífico al Atlántico y viceversa. Las hay de todas las nacionalidades y llevan desde granos hasta automóviles, camiones, zapatos, materiales bélicos y todos los productos que la imaginación logre registrar.

El Canal de Panamá es una vía de navegación ubicada en el punto más angosto del istmo de Panamá, entre el Mar Caribe y el Océano Pacífico. Pero es tal su tamaño que fue necesario construir un embalse artificial: el Lago Gatún, que además de dotar del agua necesaria para la operación, creó atractivos naturales para la zona.
El canal fue inaugurado el 15 de agosto de 1914 y a partir de ese momento cambió la historia. Acortó distancias y tiempos de navegación, generó una nueva era en la transportación marítima e influyó en la economía y el comercio mundial durante casi todo el siglo XX. Hasta nuestros días es una vía de tránsito corta y relativamente barata entre dos grandes océanos, que además impulsa el crecimiento en los países desarrollados y lleva a muchas áreas remotas el empuje que necesitan para su expansión económica.

Ya en 1516, cuando Núñez de Balboa cruzó el istmo panameño y descubrió la escasa distancia que separaba los océanos Atlántico y Pacífico, pensó en crear una vía acuática para cruzar ese camino. Los estudios realizados por aquel entonces determinaron la imposibilidad técnica de realizarlo y todo quedó en la construcción de una ruta terrestre que servía para trasladar los recursos minerales del Perú hacia el este, para poder embarcarlos hacia Europa. Posteriormente, en el siglo XIX, fueron los franceses, envalentonados tras la construcción del Canal de Suez entre el Mediterráneo y el Mar Rojo, quienes intentaron repetir su éxito, pero las difíciles condiciones naturales en Centroamérica les impidieron lograrlo. Finalmente, fue Estados Unidos el país que se lanzó a la aventura.

Luego de 83 años de operación estadunidense, el 31 de diciembre de 1999 fue transferida la soberanía de esta vía a Panamá, y desde entonces el Canal es operado por las autoridades panameñas. Los turistas tienen la oportunidad de observar esta magna obra desde las esclusas de Miraflores, donde se construyó un mirador y un museo. Desde la terraza, donde se puede tomar café o comer, es posible observar cómo entran los barcos al cauce del río para ser remolcados.

Una vez que las naves entran al Canal, su tripulación deja de operar y toman el mando total del navío los técnicos que, usando unos carros especiales denominados “mulas”, lo conducen a través de las diversas esclusas. Estas operaciones el visitante las puede ejecutar a través de un simulador que se encuentra en la torre de observación, pues todos y cada uno de los pasos que siguen para conducir la nave se hacen desde este puesto de control virtual, donde se aprende que las maniobras requieren de gran pericia.

Hay en este edificio un museo con la historia del Canal, los trabajos que se hicieron y las herramientas con las que contaban los trabajadores para concluir una obra que, a pesar de sus dimensiones, hoy resulta insuficiente, por lo que ya se iniciaron los trabajos para ensanchar el trayecto del paso.

Dónde hospedarse

En medio de este escenario existe un lugar único: el Hotel Gamboa. Es una propiedad construida en medio de la naturaleza, en el corazón del exuberante bosque tropical panameño y con todas las facilidades de un Resort de lujo. Está enclavado nada menos que en el centro del Canal de Panamá, en el marco del Parque Nacional Soberanía y en la convergencia con El Río Chagres, a solamente treinta minutos de la ciudad.

Este Resort fue inaugurado en el año 2000 y tiene la cualidad de combinar el esplendor de un hotel de lujo con la frescura y belleza del bosque tropical; los visitantes tienen la oportunidad de conocer una gran variedad de víboras y arañas, un serpentario, un mariposario y diversas salas de exposición de cocodrilos, tortugas e insectos de la región. También se puede practicar la tirolesa y hacer un paseo por la copa de los árboles a través de puentes colgantes y miradores. O bien hacer senderismo para conocer la flora del lugar y uno que otro animal que se atraviese.

Cómo llegar

Desde la Ciudad de México existen varias compañías de aviación que vuelan a Panamá: Mexicana, Copa, Aero Perú y American Airlines. Ya en la ciudad de Panamá la tarifa de taxi hasta las Esclusas de Miraflores es de 10 dólares y se recomienda contratarlo de ida y vuelta. Para más información sobre los horarios llamar al Servicio de Guías en Miraflores (Tel. 276-8617). La entrada tiene un costo de ocho dólares y los niños menores de cinco años no pagan. El clima es tropical y su temperatura promedio es de 35 grados centígrados, por lo que se sugiere llevar ropa liviana y sombrero o gorra.

Dónde comer

En el Centro de Visitantes se ofrece servicio de café y comida a precios muy económicos, pero lo recomendable es regresar a la ciudad y escoger un buen restaurante de comida panameña, que los hay muchos y de buenos precios.

Recomendación

Es necesario tomar en cuenta que para entrar a Panamá se requiere de una visa, misma que se puede tramitar a través de cualquier agencia de viajes. En Panamá circula el balboa, que está a la par del dólar y del cual sólo hay monedas: no se deje sorprender si alguien le quiere dar balboas en billetes. Algunas zonas del casco antiguo de Panamá no son muy seguras, por lo que se recomienda no caminar sólo ni entrar a los suburbios.

Juan Gerardo Reyes / Enviado