Michoacán
Esquirla
Diego Enrique Osorno
Rumbo a Aguililla, un grupo de hombres cargando cuernos de chivo —no se sabe si agentes, soldados, policías o miembros de alguna de las bandas del narco locales— para nuestra camioneta.
—Buenas tardes, ¿a dónde van?, pregunta amablemente uno de ellos, el único que, aparentemente, no va armado.
—Vamos a Aguililla.
—¿A qué?
—Somos reporteros, venimos de la Ciudad de México y queremos ir a Aguililla a platicar con la gente, aquí tiene nuestras identificaciones.
Para este momento, los demás acompañantes de nuestro interrogador, otros cinco hombres con rifles, han rodeado discretamente nuestro vehículo.
—La camioneta tiene placas de Monterrey y ustedes dicen que vienen de México.
—Es que yo soy de Monterrey.
La tensión aumenta en ese instante. Nuestro interrogador se acerca con otro de los del grupo y le dice algo. Éste agarra su aparato de radiofrecuencia y habla con alguien, mientras observa nuestras identificaciones. Al cabo de dos minutos termina su conversación. El interrogador vuelve.
—Vayan con cuidado y que no les caiga la noche. Es muy peligroso por aquí después de las siete, recomienda.
Hay un suspiro de alivio en la camioneta.
—Gracias.
— Y lo único que les digo es que informen la verdad, lo que es, con responsabilidad, termina recomendándonos este vigía no identificado.
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Uno de esos hombres que trabajan para la inteligencia mexicana nos recibe en su oficina. El lugar aparenta ser por fuera una enorme bodega abandonada en medio de una colonia popular de Morelia. Pero el sitio no es ninguna bodega: es donde se hace buena parte del análisis para enfrentar a los cárteles de la droga.
Hace tiempo circula la versión de que los capos tienen a su servicio a kaibiles, soldados de élite del Ejército de Guatemala adiestrados para exterminar a grupos subversivos en la década de los setenta. Ante la ola de decapitaciones, circula la idea de que los kaibiles son los que están cortando cabezas en Michoacán. El agente de inteligencia duda de la versión. “En primer lugar, no es cierto que los kaibiles se distinguieran por cortar cabezas. Más bien su fama era por destrozar el cuerpo dando golpes en los huesos exactos. Segundo, por el análisis que hemos hecho, las cabezas son desprendidas de los cuerpos finamente, no con la violencia que se les adjudica a los kaibiles. Los cortes son hechos con un cutter, no con un sable. Son cortes quirúrgicos”, explica.
Para este hombre joven que vive en medio de informes, fotografías y videos donde se apila la violencia, los cortadores de cabezas son gente más cercana a la mística de un médico que a la de un carnicero. “No descartamos que sea un médico o alguien con estudios médicos el que está asesorando o realiza estas decapitaciones”, platica.
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El Consejo Nacional de Fomento Educativo es un organismo público creado en los ochenta en México para impulsar la educación en los lugares más pobres del país. Una legión de funcionarios recorre las comunidades alentando a los pobladores a que se interesen por abatir el enorme rezago educativo que hay en nuestro territorio.
En esta instancia trabajó muchos años Mauro, el principal operador de una campaña de propaganda que diseñó la imagen positiva de uno de los cárteles de la droga en Michoacán. Tal y como lo hacía tiempo atrás para el Conafe, Mauro se encarga ahora de difundir comunicados y escritos de La Familia en colonias urbanas de Morelia y en pueblos de Tierra Caliente.



