¡Uuuuups!

La rifa del tigre

Carlos Puig

  • 2009-06-28 | Milenio semanal
  • Enviar NotaEnviar Nota
  • ImprimirImprimir

Mark Sanford.
Mark Sanford. Foto: Mary Ann Chastain / AP

Un buen jueves, apenas terminó una durísima sesión del Congreso de su estado y el gobernador de Carolina del Sur, Mark Sanford, dijo que desaparecería por un rato para descansar y recargar energías. Su oficina dijo que iría a los Montes Apalaches a caminar y escalar. A disfrutar la naturaleza, pues. Se filtró después que se había ido sin su aparato de seguridad y ya para el lunes había alarma por no saber nadie, ni siquiera su esposa, dónde estaba el gobernador. El vicegobernador salió a decir a la prensa que no sabía nada de él y que estaba preocupado. Hasta que se reportó al gobernador en un avión en Atlanta. ¡Ah Caray! ¿Y los Apalaches? Su oficina de prensa, que hasta el lunes decía que el gobernador estaba en los Apalaches sin hacer el menor esfuerzo por mandar a buscarlo, reportó el martes que el gobernador estaba de regreso y que todo estaba en orden.

Un día después, sin mucha escapatoria, salió a la prensa y confesó que se había tomado tres días en Argentina con una novia. “La verdad es que tuve una aventura extra marital”, dijo Sanford en las escalinatas de la Casa de Gobierno de Carolina del Sur. Explicó que desde hacía algún tiempo una vieja amistad se había convertido en un amor. Que había confesado ya a su mujer y a sus cuatro hijos y que el fin de semana se había escapado a ver a su novia mintiéndole a su staff, al vicegobernador, a la prensa y los ciudadanos de su estado. Horas después, la esposa de Sanford dio a conocer un boletín de prensa en el que decía que hace algunas semanas le había pedido al gobernador que abandonara su hogar, aunque creía en la posibilidad de reparar las heridas causadas por la aventura. El gobernador y su mujer tienen cuatro hijos.

Toda esta historia sería una anécdota más de la prensa rosa si no fuera porque el gobernador era la figura ascendente del Partido Republicano, el mejor posicionado para encabezar un movimiento para retar dentro de tres años en las urnas al presidente Obama. Sanford era el presidente de la Asociación de Gobernadores Republicanos —posición a la que renunció por el escándalo— y había aparecido con fuerza en la escena nacional a partir de su furiosa oposición al plan de estímulo económico del Presidente, negándose a aceptar los recursos federales incluidos en el plan para Carolina del Sur, decisión que fue derrotada por la Suprema Corte del Estado.

Hace algunos años, cuando fue legislador federal, Sanford votó a favor del desafuero de Bill Clinton, y su frase hoy convertida en memorable es que el juramento más importante que Clinton había roto en su aventura con Monica Lewinsky era el que le había hecho a su esposa al casarse.

Ahora Sanford tendrá que explicar, entre otras cosas, si el viaje que hizo con cargo al erario a Argentina tenía sentido oficial o fue sólo para ver a su novia. Y el Partido Republicano, el más moralino de todos los partidos estadunidenses, tendrá que seguir buscando a alguien capaz de terminar con la incipiente era Obama.

masalla@gmail.com