Mirador
La democracia deformada
El precio de la democracia alcanzó un nivel sorprendente. A la propaganda electoral se sumaron los anuncios de los productos de costumbre, la lluvia ácida y los deshechos de todos los días para deformar aún más la imagen y propuesta de los candidatos, al tiempo que se ha saturado a los votantes. Como contrapeso, la gente se ha ido incluyendo en el campo de batalla propagandístico al opinar a través de banderines, mantas, pósters y estampas. La propaganda se multiplicó como por acto de magia, los candidatos aparecían en el piso y hasta en la basura, y diversos grupos independientes se unieron al debate urbano mostrando sus contraofertas. El fuego cruzado entre partidos, colectivos y transeúntes dejó un escenario deforme y devastado, aunque muy original. Así es la guerra por la democracia.








